No soy franquista ni militar, pero lo prefiero mil veces al comunismo

La chusma periodística subvencionada por el gobierno social comunista ha montado el Belén, aprovechando que llega la Navidad, porque un grupo de militares retirados han dicho lo que piensan

Estamos en una dictadura; no una dictadura como en franquismo, o como la Rusia de Stalin, la Alemania de Hitler o la Cuba de Fidel, pero seguramente sí cada día más parecida a la Venezuela de Chávez y Maduro. Vivimos en un país en el que ya es legal que el mismo presunto delito sea tratado diferente por la policía y los jueces dependiendo de si el acusado es hombre o mujer, en el que uno puede ver invadida su casa por personas ajenas sin que la policía pueda echarlos y en el que el gobierno puede registrar chats privados, sí, sí, privados aunque la analfabeta ministra de Justicia desconozca que un grupo de personas reunidos de manera reservada actúan en el ámbito privado y no en el público.

La chusma periodística subvencionada por el gobierno social comunista ha montado el Belén, aprovechando que llega la Navidad, porque un grupo de militares retirados han dicho lo que piensan. Y lo han dicho porque, después de toda la vida sin disfrutar de libertad de expresión, debido al régimen especial al que están sometidos los que hacen carrera en su ámbito, les ha apetecido expresarse.

En las democracias, decir lo que a uno le gustaría para su país es un ejercicio de libertad de expresión. Esas mismas palabras, en la España de Franco, en la Cuba de Fidel, en la Alemania de Hitler o en la Rusia de Stalin podía equivaler un afeitado raso a la altura de la yugular.

Ya lo he dicho mil veces: yo no soy franquista, sencillamente porque Franco era un dictador y un totalitario, lo cual es justo lo contrario de lo que yo quiero para mi entorno, para mi país, que es libertad y un amplio ámbito para la actuación del individuo. Sin embargo, Franco hizo cosas muy buenas por este país, extraordinarias; y yo, en el ejercicio de mi libertad, en un país que se llama democrático, voy a seguir enumerándolas y glosándolas cada vez que me dé la gana. Pero es más, seguiré luchando porque los militares, los forenses, los carniceros, los yesaires, los ingenieros aeronáuticos y los socios de las peñas quinielísticas puedan expresarse libremente, incluso para manifestar posiciones que sean radicalmente contrarias a las mías.

Es la diferencia entre los demócratas y los totalitarios, entre los que participaban del espíritu del 78, de aquel año en el que los españoles votamos para darnos una constitución democrática y los herederos de algunos de aquellos partidos, que hoy prefieren perseguir a quienes expresan sus opiniones libremente, como antes otros perseguían a sus padres políticos.

Victor Hernández Bru
Victor Hernández Bru
licenciado en Ciencias de la Información y posee suficiencia investigadora por la Universidad Complutense, doctor en Humanidades (Historia) y máster en Comunicación Social por la Universidad de Almería y máster en Administración y Dirección de Empresas por ESIC. Ha dirigido diversas empresas de comunicación como socio-director, como Presssport Comunicación e Imagen y Estudionet Márketing On Line; trabajado en prensa escrita para Ideal (23 años), es responsable de comunicación de importantes empresas de diferentes sectores, como Grupo Agroponiente, Jarquil, Segusán Seguros y dirige las emisoras esRadioAlmería.com y RadioMarcaAlmería.com. Ha publicado su tesis doctoral, Historia de la Prensa de Almería, y la novela Diario de un Maltratador, además de diversos artículos especialmente enfocados sobre la historia del tiempo presente en España.

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