Okupación, comunismo, guerra, Paco Góngora, valentía y obligación ciudadana

Lo ha escrito Paco Góngora, alcalde de El Ejido: “La inacción frente a la okupación no es una opción”. Lo publicaba ayer La Voz de Almería como titular de un artículo de opinión firmado por el alcalde de El Ejido. Más que una revelación, yo diría que es una constatación, una constatación fatalista y apocalíptica, que la mayoría prefiere obviar, mirando hacia otro lado como si la indiferencia sirviera alguna vez para solucionar los problemas, como si no fuera indefectiblemente el combustible que termina de ayudar al fuego a destrozarlo todo.

Lo vengo diciendo desde hace tiempo y no es una opinión, sino la conclusión derivada de la observación de años de historia, la historia del comunismo, la historia de la extrema izquierda. Aunque los de nuestras generaciones, los de las generaciones coetáneas hayamos crecido y prácticamente vivido en un largo y más o menos fructífero período de paz, el comunismo no ha dejado nunca de estar en guerra, desde que nació, desde que surgió, desde que Karl Marx lo parió como magnífico ‘engañabobos’ con el que manejar a la masa inculta y desesperanzada tras años de miseria que los procederes de la extrema izquierda les convierten dialécticamente en opresión, para agregarlos a su causa.

El comunismo es un arma de guerra inventada por el filósofo prusiano que no ha dejado de disparar desde la mitad del siglo XIX, que ha estado detrás de guerras, de actos terroristas, de hambrunas, de las más sórdidas miserias y de las más crueles matanzas, utilizado todo ello como resorte ideológico para controlar a las más débiles mentalidades con la peregrina pero al mismo tiempo poderosísima idea de que merece la pena el sacrificio de una vida en pro de un concepto.

Ese concepto es el de la igualdad, seguramente el postulado filosófico más mezquino en la historia de la humanidad, porque la igualdad es un concepto injusto en si mismo, porque igualar lo desigual es la peor forma de injusticia. En esa confusión de términos es donde el comunismo y el anarquismo se han movido durante casi dos siglos, destrozando la vida de miles de adeptos.

Ahora, una de las balas del fusil comunista es la okupación ilegal de viviendas, de nuevo utilizada como otra gran mentira sobre la que construir fidelidades de los más desesperados. Ese comunismo que se ha incrustado en la democracia española del 78, alimentada por la desesperación de minorías que se ven con palabra y se creen apoyadas en quienes los utilizan para enriquecerse hasta el límite de la nausea, y por la complacencia de la izquierda democrática y constructiva que había ayudado a levantar nuestro edificio constitucional y que ahora se ha rendido al impulso comunista, so promesa de largos años de acolchada poltrona.

El misil filosófico es tan insustancial que se desmonta con una sola pregunta: ¿y qué pasa si a quien ha okupado una vivienda, a su vez se la okupa otra familia? Discutir sobre la ilegitimidad del concepto de okupación es perder el tiempo, puesto que se desmonta solo. Pero el drama es que ha llegado el momento en que es rotundamente necesario movilizar a todo aquel que entienda que se hace más necesario que nunca defender los derechos básicos de las personas, como el de la propiedad privada, ante una nueva oleada de comunismo furibundo y recalcitrante, que incluso llega a amenazar nuestras propiedades físicos e incluso nuestra propiedad familiar con respecto a nuestros hijos menores.

Paradójicamente, parece ser que cuando un periodista como yo o un alcalde como Paco Góngora se deshace de los miedos para defender a capa y espada, con artículos como el de ayer o éste o con acciones de gobierno como las que se están llevando a cabo en el Ayuntamiento de El Ejido, se está plasmando un acto de valentía. Particularmente, me niego aceptar que defender, con lo que cada uno tenga a mano, los más básicos derechos sea considerado un acto de valentía, en lugar de una obligación ciudadana.

Victor Hernández Bru
licenciado en Ciencias de la Información y posee suficiencia investigadora por la Universidad Complutense, doctor en Humanidades (Historia) y máster en Comunicación Social por la Universidad de Almería y máster en Administración y Dirección de Empresas por ESIC. Ha dirigido diversas empresas de comunicación como socio-director, como Presssport Comunicación e Imagen y Estudionet Márketing On Line; trabajado en prensa escrita para Ideal (23 años), es responsable de comunicación de importantes empresas de diferentes sectores, como Grupo Agroponiente, Jarquil, Segusán Seguros y dirige las emisoras esRadioAlmería.com y RadioMarcaAlmería.com. Ha publicado su tesis doctoral, Historia de la Prensa de Almería, y la novela Diario de un Maltratador, además de diversos artículos especialmente enfocados sobre la historia del tiempo presente en España.

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