Un bofetón a tiempo

Aún recuerdo aquel cura del colegio que si te descarriabas un poco te agarraba la coletilla con «divina» habilidad y te quitaba las ganas de trastear un par de días. También recuerdo que si te pasabas de flamenco podías acabar retado en la puerta del colegio y regalarte un par de puñetazos con algún colega de clase. Recuerdo crecer en un buen barrio, de esos en los que nuestros padres madrugaban para ganarse la vida. De esos en los que las clases sociales estaban mezcladas y tanto valía el hijo del empresario como el del barrendero. Todos ellos, nuestros padres, una generación dura, muchos de ellos nacidos en años del hambre y a los que nunca oímos quejarse. Esos que salieron de la postguerra para regalarnos progreso y confort. Esos de echar 15 horas en el tajo y nunca preguntar por días libres, esos que ni se les pasaba por la cabeza pagar a 20 euros el gintonic. Ese era nuestro modelo y nuestro ejemplo.

En ese barrio nos tocó hacernos hombres -y mujeres- y ahora miro a mi generación y la miro con orgullo. Una generación preparada, que domina idiomas, que igual te coge una azada que te programa una aplicación para el móvil, que sabe estar y comportarse, que se labra su propio destino y sabe enfrentarse a sus problemas, seguramente porque se comió algún bofetón a tiempo en la puerta de un colegio. Mantengo el contacto con muchos de mis compañeros de niñez, hoy hombres y mujeres honrados, buena gente, de los que te alegras de ver cuando te cruzas con ellos, de izquierdas y derechas, pero todos con actitud hacia una vida que igual ha progresado demasiado rápido y a la que hay que adaptarse.

Y ahora también miro a la panda de desgraciados prohasel, apenas tienen 18 años y su mayor afán es seguir los dictados, cual borregos, de un pobre hombre amargado como Echenique. Y es que la recompensa no es poca, ellos mismo se imaginan como la próxima Ada Colau, Isa Serra, Alberto Rodríguez o Eugenio Romero, todos ellos conocidos delincuentes que han acabado formando parte de la primera plana política nacional, y todos ellos germinados en la semilla del odio, la provocación y el altercado; todos ellos han despreciado la cultura del esfuerzo y se han labrado un futuro mostrando la cara más violenta y radical de la política. De toda la generación, el peor ejemplo. Yo siempre digo que hay que copiar modelos de éxito para progresar, el problema surge cuando no tenemos claro el modelo adecuado.

También miro a esa generación de patrios y migrantes, la mayoría actúa de manera responsable, quieren ser y sentirse libres, quieren crecer, trabajar, enamorarse y tener un futuro en uno de los países con mayor calidad de vida del mundo. Esos jóvenes que han elegido el camino correcto y que tendrán que luchar en un país devastado por una crisis política, económica, sanitaria y moral nunca vista desde tiempos de la guerra, pero que al contrario que nuestros padres, han nacido en una cuna cómoda. Dejémosles que libren sus propias batallas, que se enfrenten a un destino en el que ojalá, sepan contribuir a construir una España realmente libre y próspera. Seguro que ellos, que les espera una ardua tarea, sabrán dejar a sus hijos con uno de esos curas que tiran fuerte de la coleta.

Antonio Estella
Antonio Estellahttp://www.mlalegal.org
Socio director del despacho de abogados Mlegal. Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada se especializó en derecho de los negocios en las prestigiosas escuelas jurídicas Harvard Law School e Instituto de Empresa, para posteriormente comenzar su carrera profesional en despachos internacionales como Garrigues, Deloitte y MLA. En la actualidad compagina su ejercicio profesional con la colaboración en distintas universidades y escuelas de negocio como profesor

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