El último suspiro

Todos –sin excepción- viviremos un momento seguro en nuestras vidas: la muerte.

Ese cambio de plano, ese viaje, ese camino hacia la resurrección o reencarnación –dependiendo de las creencias- siempre despierta sentimientos de miedo, angustia, temor y hasta de culpa.

Yo resaltaré una palabra en especial: dolor. Me atrevería a decir que en el último año –y debido a la pandemia- ha sido mucho el dolor emocional que la gran mayoría de nosotros hemos sentido al ver cómo el COVID-19 les ha quitado la vida a familiares, amigos y conocidos.

Es imposible escribir sobre todos los casos. Son infinitas las historias, cientos de miles en el mundo. Sin embargo, de lo que si voy a escribir es de un denominador común que se encuentra en casi todas estas vivencias de perdidas: la culpa.

Ese sentimiento oscuro, que carcome todas las células del ser humano. La culpa por no haber podido hacer nada, por no haber impedido el contagio, por no haber estado junto a la persona amada en su último suspiro de vida.

Buscando y leyendo por internet me encuentro con algo que acapara totalmente mi atención (creo fervientemente que yo no escojo las historias, sino que ellas me escogen a mi). Cristopher Kerr, es el nombre de un médico de cuidados paliativos y que tras años de estudios, investigación y testigo de la muerte de sus pacientes escribió el libro ´La muerte no es más que un sueño: encontrar esperanza y significado al final de la vida´(este sería el título traducido al español).

El doctor Kerr notó cómo los pacientes a medida que se acercaban a su muerte, tenían sueños o visiones con familiares fallecidos que los consolaban y transmitían paz. Estas escenas –a las que las enfermeras estaban acostumbradas- muchas veces se les atribuía a las alucinaciones producidas por los fármacos o sedantes suministrados, pero este médico quiso observar el fenómeno con más detalle.

Durante 10 años registró, junto a un equipo de investigación, el final de la vida de 1.400 pacientes y familiares. Descubrió que más del 80% de esos pacientes tuvieron en sus últimos días de vida experiencias relacionadas con sueños extraños. Visiones con madres, padres, hijos y hasta mascotas fallecidas hace muchísimo tiempo, regresaban para consolar y tranquilizar a esa persona que estaba  punto de abandonar este plano físico.

Este trabajo resulta como una especia de bálsamo tranquilizador. Un consuelo, si lo piensas bien, para quienes viven la perdida de ese ser querido a distancia. Imaginar que no estuvo solo reconforta el corazón y aplaca la culpa.

Cuando se acerca el último suspiro de vida para alguien al mismo tiempo se abre una puerta de amor, perdón y paz. Aparecen momentos vividos de alegría y rostros conocidos que partieron más temprano. No es casualidad, invento o alucinación. Es un fenómeno conmovedor que acompaña al que se va y reconforta al que se queda.

Betty Hernández.

Betty M. Hernández
Periodista, locutora y migrante. Experta en escritura digital, periodismo institucional, radio y redes sociales. Es venezolana, de padre canario y madre portuguesa, vive en Granada desde el 2019.

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