El “debate electoral” en la Ser – un intento de análisis neutral.

Harto difícil es encontrar análisis políticos neutrales -o con ánimo objetivo- en nuestros días. Forma parte ello de una polarización que es nefasta, así que con ánimo sereno vamos con el análisis del debate electoral que se produjo el pasado día 23 de Abril en la Cadena Ser y sobre las próximas elecciones a la Comunidad de Madrid.

Voy a intentar analizar lo que sucedió y cada una de las intervenciones de candidatos y moderadora basándome en el método establecido por la ciencia jurídica. ¿Qué es eso? Pues seguir el racionalismo que debe presidir cualquier análisis de la realidad a la que se le une una afirmación o negación de hechos -las valoraciones u opiniones son otra cosa-. La ciencia jurídica se basa –entre otras cosas- en poder demostrar o acreditar hechos, no sólo opinar (hoy en día en política casi todo es opinión torticera obviando hechos que nos podrían aclarar mucho sobre lo realmente acontecido).

Es un hecho probado que el candidato Pablo Iglesias –del partido político Unidas Podemos- ha recibido una carta con balas y una amenaza de muerte. No hace falta entrar en más consideraciones. Venga de donde venga la amenaza, sea más o menos cierta o real, de mayor o menor credibilidad según unos u otros, eso se ha producido y eso es condenable –claro que sí y sin paliativos que valgan, y no nos confundamos porque por algo está siendo investigado por los Cuerpos de Seguridad del Estado-. El tiempo y la investigación determinarán al respecto de todo ello y habrá que esperar.

Vayamos  a lo que sucedió en su relación en el debate electoral de referencia que es el tema que nos ocupa.  La  moderadora –saltando por lo visto por encima de lo pactado con los candidatos sobre el orden de los bloques del debate como así reconoce en su intervención de apertura-, pone sobre la mesa por sorpresa y como inicio el tema de esa amenaza. Desde mi punto de vista eso fue el primer error de la que fueron una cadena imparable de errores por parte de la referida y candidatos. Una  moderadora  de  un   debate   electoral –insisto que esto es crucial para entender lo que allí pasó y como pretendo enfocar mi análisis- no puede hacer eso. Ha de ceñirse a lo establecido y pactado con absoluta objetividad. Además supuso una falta de cierta lealtad a todos y cada uno de los candidatos presentes, que no se lo esperaban aunque también es cierto que no protestaron. No obstante, y siendo extraña esa modificación del guión, tampoco es pecado mortal, así que sigamos adelante.

A colación y recogiendo el testigo, el candidato  Iglesias,  literalmente, manifiesta y denuncia que la candidata de Vox –señora Rocío Monasterio- ha dicho que las amenazas explicadas por la moderadora son falsas o no creíbles, que no las condena, y advierte que si no se retracta él se marcha del debate (que ni siquiera había comenzado). Otro error.

Esa pretensión no es lícita en un debate electoral. ¿Por qué? Pues por dos motivos principales entre otros muchos secundarios. El primero es de tipo moral en relación con la coherencia: uno no puede pedir condena para amenazas o violencia dirigidas hacia sí, pero no hacerlo cuando se produce hacia otros adversarios políticos y así se le solicita, por no decir que desde Unidas Podemos –y desde su inicio- se han justificado actos basados en la fuerza que por supuesto no han condenado e incluso justificado (ejemplos hay como los ánimos del señor Echenique en las redes cuando se produjeron los disturbios en relación con el caso del rapero Hasél, o la ausencia de condena del tema mitin de Vallecas). El segundo es de tipo jurídico: dicha pretensión no progresaría ante un Tribunal de Justicia, porque sencillamente es una petición que no se corresponde con la protección de derecho fundamental alguno o de cualquier otro tipo; y a nadie se le puede obligar por otro lado a condenar nada si no lo desea –es una cuestión moral pero no jurídica-.

Estas pretensiones de petición de condenas cruzadas se quedan en el teatrillo político y poco más. En general, los partidos políticos victimizan cuando son objeto de amenazas, y suavizan mucho cuando hacia otros ya les va bien que se produzcan. Además, literalmente, el candidato Iglesias le dice después a la moderadora que si la cadena consentía la presencia de la candidata Monasterio sin retractarse estaban cometiendo un error y se iría –nuevo desacierto, y sobre esto volveremos luego-. Es decir, la advertencia de abandono fue hacia la moderadora y la cadena; sin darse cuenta el candidato que lo fue hacia la propia democracia. Esto en un debate electoral tampoco es admisible porque no estamos en una tertulia vespertina cualquiera. En un debate electoral tiene derecho jurídico a participar cualquier partido político que ostente dicho derecho –y Vox lo tenía, como lo tenían todos los partidos representados y asistentes- no siendo de recibo solicitar de forma indirecta que uno de ellos se tenga que marchar o abstener –no  echa  a  la candidata Monasterio,  pero sí que dice que si ella se queda, él se va-. Y ya sabemos que en un debate electoral se van a decir y escuchar cosas que no te van a gustar, pero esa es parte de la grandeza de la democracia. Son las reglas y hay que respetarlas te gusten o no; y lo digo porque en España se ha instaurado la idea –desde los extremos políticos- de que si coincides conmigo eres demócrata, pero si no eres un fascista; y las cosas no se pueden plantear así de simplistas y polarizadas. Ni por los partidos políticos ni por los medios de comunicación –que muchos de ellos colaboran en todo ello-.

La contestación de la candidata Monasterio a la petición del candidato Iglesias fue –literalmente- que su partido condena todo tipo de violencia, pero que le hubiese gustado también que el señor Iglesias condenase la violencia que se dirige hacia otros partidos como el suyo –cosa que le dice no hace, como por ejemplo en el tema del tan comentado mitin de Vallecas-. Efectivamente, la condena a la violencia no es según conveniencia; la condena a la violencia –de establecerse como normal moral en la  política- ha de ser siempre y para todo y todos, porque la violencia en sí misma es el inicio de la destrucción de una sociedad. No hay más.

A continuación la referida candidata –erróneamente- invita al candidato Iglesias a que se marche con un tono ciertamente provocador y salido de formas debidas. En este caso, esa siguiente intervención no se puede justificar ni en el fondo ni en la forma. Ahí se comete por la referida el mismo error que el mencionado candidato comete con anterioridad –si bien es cierto que con unas formas empeoradas-. Un candidato no puede ni debe alentar que se eche a nadie de un debate electoral –lo haga activamente como la señora Monasterio o pasivamente como el señor Iglesias-. En un debate electoral eso no tiene cabida porque si lo admitimos como válido no hay democracia, no hay libertad de expresión; lo que hay es veto y el veto ni cabe ni se debe consentir –por la moderadora y por la propia democracia-.

Vista la desafortunada intervención de la candidata Monasterio, alega ante la moderadora el candidato Iglesias que permitir que la referida siga en el debate es blanquear a la ultraderecha –otro error y desafortunada intervención-. En ese momento el señor Iglesias convierte su pretensión pasiva -de echar del programa a la candidata Monasterio amenazando con marcharse- en activa, y además también recurre a la falta de respeto (nada nuevo en nuestra política actual). Es decir, no sólo advierte con irse del programa, sino que solicita ya activamente a la cadena que se excluya del mismo a la otra candidata. Otro error que no cabe ni jurídica ni democráticamente. Eso no se puede solicitar en un debate electoral en que puede participar cualquier partido político mientras no esté ilegalizado y tenga el derecho de participación según la Junta Electoral. Insisto, no estamos en una tertulia, sino en un debate electoral que tiene sus reglas. No hay que olvidar que el candidato Iglesias ha sido profesor universitario de Ciencias Políticas y además Vicepresidente del Gobierno de España; y por ello debería saber que su pretensión no sólo no cabía jurídicamente, sino política y democráticamente.

Está claro que las continuas y reiteradas invitaciones de la candidata Monasterio, interrumpiendo e incitando al candidato Iglesias a marcharse, tampoco fueron de mi agrado y no las puedo justificar. Entrando en el campo de  la educación, todo lo que le dice en ese momento no es admisible; y desde un punto de vista político nada democrático –el derecho a la participación en pluralidad es una de las raíces básicas del sistema-.

A continuación, la moderadora –la acreditada periodista Ángels Barceló que goza de todos mis respetos como no puede ser de otra forma- le dice a la candidata Monasterio que ese no es el tono que hay que mantener en un debate electoral.  Otro error. Está dentro de sus facultades llamar al orden e incluso imponerlo en las intervenciones de forma coactiva e imperativa, pero desde mi punto de vista erra en la forma en que lo hace. Podría haber dicho a los candidatos en contienda que dejasen de acusarse e interrumpirse, y haber impuesto el orden porque puede hacerlo; pero con buena intención –que no  pongo en duda- hace una valoración de la intervenciones de los candidatos para conseguirlo –diciendo que ese no es el tono que tiene que haber en un debate electoral- y eso es algo que no puede hacer porque ella no forma parte de ese debate como candidata, es valorativo –porque implica una lección moral o educacional- y pierde objetividad. La moderadora pone orden, e incluso expulsa si hace falta, pero no da lecciones de formas políticas o morales a nadie, ni debe manifestar valoraciones al respecto de las intervenciones. No se puede ser juez y parte a la vez.

Ante ese intento de mediar por parte de la moderadora, desde mi punto de vista la candidata Monasterio comete el nuevo error de enfrentarse con ella y no dejar que haga su trabajo. Debió dejar que la moderadora se manifestase y en su turno manifestarse. De hecho, en ese momento, tanto el candidato Iglesias como la candidata Monasterio estaban intentando legitimar una pretensión ilegítima faltando a todo orden y consideración, y la moderadora no estuvo a la altura para resolver la situación –aunque es cierto que no lo tenía fácil por la nada coadyuvante actitud de los contendientes-. Imaginemos cómo un Juez hubiese actuado en ese momento…

La moderadora intenta dar voz a un tercer candidato –el señor Gabilondo- pero tanto la candidata Monasterio como el candidato Iglesias insisten en sus pretensiones –y ausencias de formas y respeto a turno de intervención-  en  un ya  perdido debate electoral nada democrático ni ejemplar –no dejan hablar a nadie sin respetar el turno de intervenciones, despreciando y faltando al oponente, y reiterando lo ya dicho cuando estaba claro y manifestado-.

En ese momento la moderadora y siendo que el candidato Iglesias se levanta para marcharse, pasa de llamar de usted al candidato de continua mención a tutearlo pidiéndole que no se vaya. Otro error. Ese tuteo no se debe producir en sede de debate electoral, porque claramente incita a pensar en falta de objetividad y favoritismo. O de usted o de tu, pero cambiar depende con quién y en qué momento no es algo que encaje con la moderación ecuánime. La moderadora en ese momento comete un error que ya no va a poder enmendar. Se puede comprender que ante la violencia del momento –porque para mí, que pretendo ser un demócrata, fue violento ver y escuchar todo eso- se le escape un tuteo con un candidato (además reiterado y reproduciendo el error) pero eso no ocurre en ningún debate electoral serio donde la moderación ha de ser exquisitamente objetiva. A todos de usted que es lo que toca, y que para eso tenemos dicho pronombre en nuestra lengua –o de tu desde el inicio-. Imaginemos por un momento que un Juez tutea reiteradamente a una de las partes y a la otra no en una vista judicial… Esa sentencia de ser apelada será anulada.

El candidato Iglesias sigue con lo suyo y la candidata Monasterio también; ambos obviando a la moderadora (las formas educaciones en sede parlamentaria ya se perdieron hace mucho, así que ahí se reproducen sin pudor alguno como algo normal).  La moderadora –tuteando de nuevo y erróneamente al candidato Iglesias- desocupa su sitio intentando impedir que el referido se marche físicamente del lugar, incluso cogiéndolo del brazo. Desde mi punto de vista otro error de  imparcialidad. ¿Se imaginan a un Juez haciendo eso? Si un candidato quiere abandonar físicamente el debate está en su derecho, como está en el derecho de la moderadora expulsar al que insulte, falte el respeto o intente monopolizar las intervenciones vetando el derecho de expresión del resto (que es lo que estaba haciendo la candidata Monasterio). Eso es lo que tendría que haber ocurrido, porque esas son las normas de un debate electoral y no el circo al que asistimos. En ese momento, lo que está sucediendo, ni es debate, ni es electoral, ni es democrático, ni es moralmente admisible. Una chapuza integral por todas las partes implicadas se mire por donde se mire.

La moderada de nuevo comete otro error cuando le dice a la candidata Monasterio que está ante un debate de demócratas, y que ella –la moderadora- se incluye entre ellos, indicándole que ellos (ella) respetan al resto de candidatos. Eso una moderadora no lo puede hacer. La imparcialidad es ya obvia. Esa frase de “señora Monasterio los demócratas… ¿sabe lo que hacemos?” fue catastrófica. La moderadora de un debate electoral no tiene que dar lecciones de democracia o moral a ningún candidato. Su papel, como he explicado, es otro porque además dispone de las herramientas para imponer el orden coactivamente (siguiendo la similitud, es como actúa un Juez). Ahí estuvo claro que Angels Barceló estaba confundiendo su papel como moderadora de un  debate  electoral  con el de moderadora de una simple tertulia periodística –que son cosas diferentes- y, con la insistencia del tuteo, intentar que el candidato Iglesias no se fuese, y las frases a la candidata Monasterio fue evidenciando un posicionamiento nada objetivo. Y que conste que tengo el mayor de los respetos por Ángel Barceló como ya he dicho, pero desde mi punto de vista creo que se equivocó en su rol y comportamiento en ese momento y desde el primer tuteo.

A continuación, y antes de la marcha efectiva del candidato Iglesias, la candidata Monasterio comete –desde mi punto de vista- el mayor de sus errores. Puedes encarnizarte con tu oponente político todo lo que quieras –yo pondría más limitaciones educacionales que las que hay, pero bueno-, pero lo que no puedes hacer es faltar e insultar a la moderadora de un debate electoral por mucho que no te guste o estés en desacuerdo. Quizás puedas formular una acusación fundamentada de falta de objetividad (lo que en sede judicial puede ser una protesta formal o recusación del Juez), pero nunca, jamás, faltar el respeto a una moderadora (si lo haces ante un Juez ya sabes lo que pasa, con toda lógica). Cuando la candidata Monasterio le dice a la moderadora que tiene cara de amargada y lo que siguió sobre su cogida de manos o brazo con el candidato Iglesias, creo que perdió completamente cualquier legitimidad para proponer cualquier cosa. Ahí la pérdida de papeles es total y completa, y toda su argumentación se vino montaña abajo. Tanto como mi ánimo en ese momento, mientras que asistía perplejo a un circo que ya no resulta gracioso, sino peligroso.

He necesitado tiempo para la visualización de las imágenes y escucha de intervenciones el suficiente número de veces como para poder decir que lo que afirmo como hechos es cierto (si no me creen adelante con ello). Las valoraciones –que son mías- ya son otra cosa. Y cada vez que lo visualizo, mi pretendido ánimo democrático se sigue viniendo abajo, como me imagino que el de miles de españoles que esperan de nuestra clase política mucho, pero que mucho, más (y a veces también de nuestros medios de comunicación que parte de responsabilidad tienen en todo esto).

Creo que ninguno de los dos candidatos en disensión ganó ese día un solo voto de persona inteligente alguna. Al contrario, perdieron votos y lo que es peor, credibilidad.  La polarización y el enfrentamiento no es lo que quiere la gran mayoría de cualquier sociedad y cultura desarrollada. Es contrario al sentido común, la inteligencia y el progreso. Que tomen nota políticos y medios de comunicación, porque cuando todo se derrumba de poco sirve tener razón.

Dedico este artículo al periodista español asesinado en Burkina Faso, David Beriain que siempre luchó –y se ha dejado la vida- en explicarnos las realidades más crudas de este Mundo para no dejar amordazar a la verdad. Descansa en paz grande, humilde y valiente David; muchos te echaremos de menos a ti, y a tu forma de hacer periodismo.

Manu Durán

Manu Durán
Jurista con mas de 30 años de experiencia. Colaborador en las tertulias de EsRadio Málaga y Granada.

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