Escoge siempre ser amable

Una palabra, un gesto, una mirada que le dediquemos a una persona tiene el absoluto poder –para bien o para mal- de cambiarlo todo.

Andamos por la vida en modo automático. Y ahora con las nuevas normas de socializar que hemos tenido que aprender –a la fuerza- siento que estamos desconectando del todo el cable con eso que llama ´sensibilidad humana´.

Son muchas las fobias que siempre han coexistidos entre nosotros. Ni hablar de las enfermedades mentales, esas a las que solemos –lamentablemente- ignorar y hasta estigmatizar cuando sabemos que un conocido padece alguna de ellas.

Bromeamos sobre la depresión. Banalizamos sus consecuencias. Y por lo general convertimos en objeto de burla a esa persona del grupo que convive con ella sin mostrar un ápice de compasión.

´Vámonos de fiesta´, ´tómate unas cervezas´, ´solo quieres llamar la atención´, son las respuestas más comunes que reciben los que padecen esta enfermedad. En el mejor de los casos por supuesto, porque muchos tan solo obtienen un profundo y silencioso rechazo de su entorno más cercano.

Más de 300 millones de personas en todo el mundo sufren de depresión. ´Cada año se suicidan cerca de 800 mil personas, y el suicidio es la segunda causa de muerte en el grupo etario de 15 a 29 años´ -según cifras de la Organización Mundial de la Salud-  y todavía subestimamos este padecimiento.

Y si bien es cierto que los gobiernos cada vez dedican menos presupuesto para atacar las enfermedades mentales, también lo es que como sociedad somos despiadados con estos enfermos. Que vemos ´normal´ que una persona agende una cita con una tarotista para conocer qué le depara el futuro a través de las cartas,  que cuando acude a terapia con un psicólogo o psiquiatra para sanar su presente. 

Ni de cerca hablaré de los fármacos o tratamientos psicológicos para combatir la depresión (que por supuesto que existen y se debería hablar de esto de forma natural, del mismo modo que lo hacemos con las afecciones cardiacas, por ejemplo) pero si resaltaré el maravilloso poder que cada uno de nosotros tiene para hacer sentir bien e importante a esa persona que lidia con este flagelo.

Un gesto amable, una pregunta sincera, una palabra comprensiva que le dediquemos a una persona que sufre de depresión no la sanará pero si la hará sentirse querida, incluida y hasta con un dejo de esperanza en medio del día más oscuro en el que pueda estar inmerso.    

Es cierto cuando dicen que nadie conoce las batallas que pueda estar librando una persona en un determinado momento, por esta razón escoge siempre ser amable por favor.

Escoge siempre un ´¿cómo estás?´ en lugar de ignorar a alguien; un gesto de cariño y no una mirada de desprecio; un ´que alegría verte de nuevo´ antes que un ´¿y ahora qué te ha pasado´.

Y si sientes que todo esto es muy difícil para ti, que la amabilidad es incompatible contigo, pues entonces escoge el silencio antes que una palabra cargada de odio.  

Betty Hernández.

Betty M. Hernández
Periodista, locutora y migrante. Experta en escritura digital, periodismo institucional, radio y redes sociales. Es venezolana, de padre canario y madre portuguesa, vive en Granada desde el 2019.

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