Andalucía de rebajas: Un Gobierno ‘pal descambio

Este año que arranca y que es el renglón seguido al que nos despojó de tantas libertades peleadas históricamente a cara de perro, estrena traje. Su etiqueta suena demasiado y su titular nos zarandea entre vacunas que tratan de nuevo de dirimir entre buenos y malos ciudadanos.

No somos tan diferentes a 2020. Ni el gobierno andaluz ha cambiado tanto: la administración paralela continúa siendo costosa, lastrante e ineficaz. El paro se sitúa en cifras históricas y las políticas que avanzan tienen más que ver con la ideología doctrinal dominante, que con ajustes de necesarios cambios en una Andalucía que sigue despeñándose y proyectando la imagen de copla y patilla gorda en el Canal Sur de los políticos.

A pesar de que el gobierno nacional liderado por un ignorante vestido de limpio y acompañado de una carísima incompetencia ministerial, sigue imponiendo ideología y haciendo oídos sordos a quienes no comulgan con sus doctrinas, la otra mitad de la balanza solo tiene contrapesos verdes y rellenos azules y naranjas. No hay más. Y así el cambio no es posible. Debieron ajecutarlo durante los primeros meses de legislatura como hubiese hecho la izquierda, pero tuvieron demasiados complejos y ganas por tomar el poder: Y ahora pagan sus ambiciones.

Y en Andalucía, el cacareado ‘Gobierno del Cambio’ ha supuesto ser un «Gobierno ‘pal Descambio». Bendodo -como buen chambelán de la corte-, promulga sus cantares con una ‘novedades de siempre’. Políticas continuistas tras treinta y siete años de corruptela y manipulación. Anuncios de cambios de una cartas por otras, también marcadas. Nada nuevo. Y Andalucía en la cola de todo y en boca de nadie.

Nos olvidamos quizás, que los populares pupilos (PP) de lo que había en tiempos andaluces de reinado socialistas, aprendieron demasiado bien de lo malo y prepararon poco lo necesario: quizás porque nunca se supieron ganadores.

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SIN OPOSICIÓN NI FUTURO APARENTE

El cuadro político resultante de 2020 roza lo caricaturesco. Un Psoe desordenado en si mismo, vigilante por saberse descabezado y más pendiente del futuro de Susana Díaz que de ejercer una oposición responsable. La izquierda radical de mil siglas, finalizaba el año difuminada en su propia pelea por el poder y el dinero. Ciudadanos (C’s) con un predominante naranja de óxido, asiste agónico a la escena entre estertores de existencia. Y el PP, que gobierna sin el liderazgo de quien ostenta un gobierno, tratando de acometer sus políticas, sigiloso siempre a la atenta mirada de Vox, que rentabiliza cada movimiento, aunque avanza poco sus ambiciones.

Los de Moreno Bonilla, siguen arrastrando el complejo que los mantiene a la sombra de las exigencias de la formación verde. Los de Abascal disparan sin medir las consecuencias porque se juegan solo su papel de macho dominante, y ese gratuito desparpajo recoge la atención de quienes ven la derecha popular como cobarde y acomplejada.

La formación verde, liderada en Andalucía por Alejandro Hernández debe cuidar su atención. El ruido que realiza es -a veces- demasiado histriónico, y su posibilidad de victoria de cara a las próximas elecciones andaluzas se recorta por una matriz comunicacional falta de reflejos. La victoria o ascenso electoral de VOX no está tanto en el acierto diario, sino en el no errar constantemente con asuntos de poco debate.

La izquierda desgasta a Vox tirándole ovillos para mantenerlo entretenido.

Y el gato torpe, se enreda en sí mismo con hilos poco productivos.

Recientemente, según confirman fuentes parlamentarias, la formación política Vox ha cambiado al dirigente de su departamento de comunicación, que andaba distraído en asuntos de información migratoria desde hace algo más de un año. Sin embargo, su recambio no ofrece garantías reales de una necesaria mejora, sino más bien obedece al ‘dedismo político’ que tanto critican desde la formación.

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Asistimos con esto a la pérdida -con demasiada antelación- de una ocasión histórica única para Vox. Vean como ejemplos de declive la inercia de Podemos o C’s. Se han desinflado en dos años por no saber ensamblar un equipo de comunicación profesional y cuajado. Vox no mide su inercia, que por motivos Covid le favorecen, pero no porque esté ejerciendo una política de comunicación digna de gurú, sino porque es tal el tsunami que trae los efectos laborales y sociales de la pandemia, que su sola existencia atrae adeptos. Y esto es muy peligroso a sus intereses de gobierno. ¿Cuándo puede durarles ese viento de cola? Sin estrategia de comunicación: nada.

Ciudadanos solo quiere ser el eterno vicepresidente de todo, no busca más, y eso los está arrastrando al ostracismo electoral. Juan Marín busca garantizar su nómina política y poco más. El partido empieza a oler demasiado a UpyD. En su seno andaluz, se suceden los nervios y codazos de quienes saben que el futuro no deparará sitios bien pagados para todos. Y quienes ya se saben perdidos en la pelea, o vuelven a sus rutinas pre-políticas o buscan cobijo en el PP apostando a caballo ganador, cuando la bipolaridad social devuelva las aguas al natural y previsible bipartidismo.

La dirección de RTVA cesa a Álvaro Zancajo como jefe de informativos de  Canal Sur tras la huelga de 48 horas

LOS COMPLEJOS DEL PP ANDALUZ Y LA BATALLA DEL ‘PLAN ZANCAJO’

Es la eterna disonancia que los lleva al ridículo frente a los de Abascal: les falta arrojo y decisión en la defensa de los pilares conservadores. Y ahí siempre gana el desparpajo de los de Ortega Smith. Aunque conocen demasiado bien en qué consiste la política -cuidado con esto-, y miden cada cesión a Vox. La formación verde debe extremar y medir la confianza de saberse imprescindible. Un resbalón los arrastra al titular. Y éste a la pérdida de apoyo electoral.

El consejero de Presidencia Elías Bendodo es un ‘marino de muchas tempestades’ que vende por igual sus viandas a quien quiera escucharlo. Sabe moverse con suma agilidad en bazares persas. Es -sin duda- la pieza fundamental de todo lo que ocurre en San Telmo. Nada se escapa a su control. Serpentea con astucia tocando los botones necesarios para que todo parezca, sin que sea. O que sea, sin que parezca.

Y ha sabido vender su enésimo engaño a Vox sacando el rédito pretendido. El PP le tiene cogida la medidas a Vox en Andalucía, con quienes ‘nadan y guardan la ropa’ regalándoles titulares de poco recorrido mientras se adueñan de méritos ajenos con movimientos de perfecto ilusionista. Vox vuelca su estrategia andaluza en Twitter, donde su mayoría electoral o no está, o se escapa por edad, creando una imagen distorsionada del seguimiento real de sus iniciativas. Las redes proporcionan mucho ruido, aunque poco efecto electoral.

Los expertos en comunicación política señalan que los impactos de Vox en medios de comunicación por número de apariciones, y de los que la formación de Abascal alardea tener, no son ni reales ni interesantes: ser titular por escándalos, fallos o circunstancias fuera del sentido común es sencillo, aunque nunca productivo ni referente.

El antiguo hospital Militar de Sevilla acoge el mensaje de fin de año del  presidente andaluz - Sevilla - COPE

Por su parte, la comunicación en sede popular es -aunque nefasta-, más efectiva y saben darle la vuelta a las iniciativas que Vox propone y pelea, vendiéndolas como suyas. Sirva como prueba irrefutable la reapertura del Hospital Militar Vigil de Quiñones. Una reivindicación que nació de la factoría verde pero que sorprendentemente no han sabido vender a su electorados, cuajándose finalmente en las alforjas populares.

La adecuación del centro hospitalario sevillano, abandonado a su suerte por los socialistas, ha sido usada por el PP andaluz como iniciativa estrella propia llegando a ofrecer incluso su mensaje televisado navideño desde las instalaciones recién inauguradas. Y así la ha recibido la ciudadanía. Punto sanitario para el PP. Los populares se venden -intencionadamente- como torpes socios capaces de ceder y negociar, pero en realidad son mucho más listos y efectivos que VOX. Es el alumno aventajado en la tripleta PP-C’s-Vox. Cocinaron a fuego lento a Ciudadanos, que como proyecto ya no tiene marcha atrás, y ahora van a por el electorado de Vox, con la ayuda interesada del Psoe, que busca el mismo efecto inoculando la misma estrategia pero en la extrema izquierda.

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CANAL SUR SIGUE AMORDAZADA

El canal autonómico, que cuesta cada año 140 millones de euros a las arcas andaluzas, y que solo interesa al 8% del territorio, sigue siendo lo mismo pero en manos del PP: Una herramienta ideológica al servicio del gobierno de turno.

Su parrilla continúa apoyando la mayoría de sus programas en productoras externas que dejan para la sobredimensionada plantilla (1.400 trabajadores) escuetos espacios televisivos de factura antigua. Sus informativos obedecen el mandato de San Telmo, como siempre hicieron, a pesar de la resistencia de unos sindicatos cada año más escuálidos, que han perdido el sueño tras treinta años de parca oposición al mandato socialista.

Su última cabeza de turco ha sido un controvertido director de informativos que rezaba como la pieza fundamental de Vox en Canal Sur. Nada más lejos de la realidad.

El escudero José Antonio Nieto (PP) -habitual en las negociaciones- le vendió a Vox como un regalo la llegada de Álvaro Zancajo para coordinar los informativos, era ‘su hombre al frente de los informativos en defensa del partido de Abascal’. Nunca lo fue.

El periodista madrileño, defenestrado en RTVE tras la llegada de Rosa María Mateo y sabedor de que su tiempo en la RTVA sería escaso y crispado, no aplicó discreción alguna en la manipulación de sus informativos vistiendo de perfecta la acción del gobierno andaluz. Una intención denunciada y perseguida por quienes recogieron más de 600 apoyos para forzar su marcha, llegando a mandar a negro por segunda vez en ocho meses, los canales de televisión.

El ex director de informativos del ente andaluz, cesado por el director general Juan de Dios Mellado, era la apuesta personal de Pablo Casado y Pablo Montesinos, ambos populares. Aunque en este caso, la estrategia de Génova estaba en convencer a los de Hernández y Abascal de que Zancajo trabajaba para darles visibilidad. Y así se urdió su llegada.

Nada más allá de la realidad, los de Hernández se tragaron el cebo popular celebrándolo incluso públicamente ante los medios: craso error que ponía en bandeja a Bendodo su objetivo de que Vox creyera y celebrara queZancajo lo ponía la extrema derecha mientras le hacía el trabajo a los populares’, confirman fuentes internas populares.

Vox paga cara su altivez. Siempre lo ha hecho. Y ahora se ven en la obligación de sancionar su despido, volviendo a situarse en el centro de la polémica que planteó astutamente el PP. Llega en sustitución la periodista Carmen Torres, que trae de su reciente coordinación madrileña polémicas laborales que a buen seguro le van a costar titulares en la segunda entrega del Proyecto Zancajo.

Vox ha pedido el cese del director general. Y pisará a fondo en este cometido. No le queda otra ficha. Quizás si se hubiesen mantenido desde el principio en la defensa del servicio público, y la independencia informativa alejada de las fauces y manos políticas, hubiesen ganado el sitio.

Insultar, vejar, infravalorar o cuestionar constantemente a los profesionales que conforman la RTVA, sin diferenciación o cribado alguno, atentar verbalmente o en redes sociales contra cualquiera que escriba, declare o comente en prensa, radio o televisión la actualidad de una formación cada vez más tibia y escorada a estribor, supone la enésima torpeza de un partido que se aleja de un sector con el que la política está condenada a entenderse. El periodismo y la política se necesitan porque conviven históricamente sirviéndose del mismo granero.

Y así es como arranca políticamente en Andalucía este 2021 tan diferente, que suena a lo mismo de siempre. La izquierda a lo tuyo y la derecha a lo suyo…

Díganme ustedes si, en tiempo de rebajas, este Gobierno andaluz es o no ‘Pal Descambio.

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