Carta a los medios de comunicación y responsables políticos de Granada del Defensor de la ciudadanía.

Acabar con los cortes de luz no es una utopía, es una obligación e implica voluntad política real. Tenemos el ejemplo con la vacuna contra el covid que ha salido adelante en un tiempo récord a pesar de la inmensa dificultad.

La tormenta Filomena se marcha y, aunque en Granada, por fortuna, no ha teñido las calles de blanco, las temperaturas nocturnas han descendido a menos tres grados y, por el día ha habido máximas de seis.

En una visita al distrito norte ayer sábado, los vecinos me transmitían que un total de 20 bloques de pisos habían sufrido interrupciones en el suministro eléctrico durante toda la jornada del viernes.

Resulta imposible cuantificar la cifra de personas afectadas por estos cortes de luz: imposible e inefectivo porque el frío como el hambre no son cuestiones numéricas y porque los cortes de luz en esta zona de la ciudad van cambiando de un día para otro como una mancha de aceite que se extiende sin avisar. Casería de Montijo, Molino Nuevo, La Paz, Cartuja, Haza Grande, La Chana. Y poco a poco va alcanzando a municipios cercanos como Pinos Puente, Padul o Vegas del Genil.

Pero si se trata de datos, el distrito Norte de Granada lleva más de 12 años padeciendo este problema especialmente visible en los meses fríos; sacude a miles de vecinos, gente de todas las edades y con las mismas necesidades que cualquiera. Todos sabemos la influencia que ello tiene en demasiados aspectos de la vida.

Vivir sin electricidad es estar a oscuras, con frio, sin nevera, ascensor, lavadora u ordenador. Es hacer los deberes escolares con un camping gas, calentarse con mantas, cocinar con butano y desconectarse un poco del mundo, salvo para quienes conserven sus radios de pila o hayan rehusado del móvil. Además, en Norte como en cualquier ciudad de España, hay vecinos dependientes conectados a una máquina.

El frio invernal es sólo la punta de un gran iceberg de problemas que conculca derechos humanos y amplifica la exclusión en todas sus dimensiones. Porque la carencia eléctrica también se lleva por delante a negocios, centros sociales, escuelas, centros de salud. Los cortes de luz son otra pandemia más dentro de esta grave pandemia sanitaria y económica que toca de lleno a los más vulnerables. Un sunami que pone en riesgo la salud biológica y psicológica de las personas, y atenta contra la salud física y social.

En estos años de apagones ha habido avances y retrocesos: se han convocado mesas y reuniones, se han impulsado propuestas, firmado convenios, aprobado mociones y adoptado acuerdos. También se han instalado nuevos transformadores con mayor potencia en algunos barrios. Este defensor ha enviado cartas al relator de la ONU y al presidente del Gobierno; ha formulado denuncias y acudido a la Fiscalía. En estos años se han realizado movilizaciones y encierros, dibujado pancartas y recogido firmas.

En estos años ya se ha dicho casi todo y se ha probado casi todo. Sólo queda actuar.

Actuar en lo urgente e inmediato: instalar sistemas de alimentación ininterrumpida en ciertas viviendas y generadores eléctricos provisionales para “salvar” el frio polar de estos días.

Pero, sobre todo, actuar a corto y medio plazo y de manera integral. Algo que corresponde de lleno al Gobierno de España y a la Junta de Andalucía, pues a los ayuntamientos y diputaciones tan sólo compete exigir en nombre de los vecinos y liderar y coordinar actuaciones.

En el plano empresarial, el pasado 8 de diciembre hemos sabido que el precio de la luz rozaba records históricos duplicándose respecto de diciembre 2019. Hemos sabido que la española es la factura eléctrica más cara de Europa. Hemos sabido que Endesa repartirá 4.700 millones en dividendos y disparará el beneficio un 12% hasta 2023.

A nivel local, la compañía asegura haber invertido mucho y apunta a las bajadas de tensión a enganches ilegales que habría que perseguir desde la instancia correspondiente. Al respecto es preciso recordar que estigmatizar a barrios enteros por la acción de unos cuantos no es sólo un modo de ignorar o mirar hacia otro lado, sino también un modo de excluir que impide a muchos levantar cabeza. Y una manera fácil de sacudirse el problema.

Creo que la justicia –entendida de un modo genérico- también debiera actuar de oficio. Pero, entretanto unos y otros reparten responsabilidades, no sólo quedan indefensos consumidores que pagan sino también los que no pueden pagar.

Entiendo que resulta complejo plantar exigencias claras a las administraciones competentes, pero mientras la guerra política se abre camino en Madrid por la situación que viven los vecinos de la Cañada Real tras tres meses sin luz; en Granada, el problema arrastrado de años, afecta a un conjunto -mayor tal vez- de población y permanece enquistado.

Esta carta es un ruego más de tantos; una nueva llamada a la responsabilidad de las autoridades políticas para que actúen hoy, para que actúen de manera coordinada; para que abandonen la dialéctica y la confrontación y aporten soluciones integrales urgentes.

Es también una llamada a la responsabilidad social de los medios de comunicación, dado que su ayuda es primordial para los vecinos y un modo de implicar a la ciudadanía. Granada entera tiene que saber lo que allí está pasando porque solo será posible erradicar esta situación con la implicación de todos. Pero, una mayor participación social no puede servir como nueva excusa para diluir más el problema o pasarlo de mano en mano: llevamos años enredados en lo mismo.

Esta carta de hoy es un nuevo llamamiento, un llamamiento urgente ante el abandono y falta de soluciones de emergencia por parte de las administraciones. No podemos permitir que un frio nuevo azote nuestra ciudad, no podemos dejar que el frio helado de la indiferencia o el olvido se apoderen de Granada. No podemos ser cómplices.

Es preciso reconducir las cosas: si lo que se está haciendo no da resultados, habrá que buscar nuevas soluciones o mantener algunas de las viejas actuaciones, pero de un modo decidido, efectivo, real y contundente. Desde luego que nada cambia sino cambiamos nada.

Acabar con los cortes de luz no es una utopía, es una obligación e implica voluntad política real. Tenemos el ejemplo con la vacuna contra el covid que ha salido adelante en un tiempo récord a pesar de la inmensa dificultad.

Más allá de la cuestión moral, la realidad de Norte es una violación de varios convenios internacionales de la ONU que España ha ratificado. Los más importantes en este caso son los de la Convención sobre los derechos del niño y de las personas con discapacidad.

Me faltan palabras para describir las llamadas diarias de auxilio que recibo de vecinos y asociaciones -la navidad ha sido demoledora-. Hablo casi a diario con el máximo responsable de Endesa de Granada, quien siempre me responde, sea la hora que sea y aunque caiga en festivo o fin de semana.

Imaginemos que los cortes de luz llegaran a nuestro barrio, a nuestra casa. O al barrio de nuestros hijos, padres, hermanos o amigos.

Qué podemos hacer, qué debiéramos hacer.

Manuel Martín García

Defensor de la Ciudadanía de Granada

Articulos Relacionados

Deja un comentario

Nuestras Redes Sociales

910FansMe gusta
100SeguidoresSeguir
1,669SeguidoresSeguir

Últimos Artículos

Utilizamos cookies propias y de terceros para obtener datos estadísticos de la navegación de nuestros usuarios y mejorar nuestros servicios. Si acepta o continúa navegando, consideramos que acepta su uso.    Más información
Privacidad