Las tumbas que cava el ego.

Como alguien dijo: La prueba más evidente de que hay vida inteligente fuera de la Tierra, está precisamente en el hecho de que no se han parado a visitarnos.

Después de la resaca electoral catalana toca reflexionar –sobre Catalunya y sobre España; una se escribe en su lengua con “n” e “y” griega, y la otra con “ñ”; todas letras de un alfabeto común, que no me olvido y no se olvide-.

Es justo reconocer que el PSC ha logrado algo impensable hace tan sólo un par de años. Ese partido que se debate entre dos aguas con un mensaje contradictorio -esas dos aguas que son ser independentista o no serlo, sin más opción y color- ha conseguido ser la lista más votada –concepto ya olvidado que te legitimaba en el pasado automáticamente para ser el partido de la presidencia-. ¿Ha sido el llamado efecto Illa? ¿Ha sido obra de la ingeniería de ese malabarista –cada cual que le encuentre el sentido que quiera al término que utilizo- que es Pedro Sánchez? La respuesta desde mi punto de vista es que no. El efecto Illa no existe; lo que ha existido es el efecto cansancio por parte de un sector moderado del catalanismo –que no independentismo, que incluso sube- y el llamado efecto voto útil. Hay que preguntarse ¿Dónde están los 30 escaños que ha perdido Cs? Respuesta: En el inexistente efecto Illa y que los votos se han ido de ahí al PSC y a Vox (ambos convivían, y los primeros moderados no han visto otra opción de voto útil ante el obvio desgobierno de Catalunya, y los segundos porque ya eran lo que ahora abiertamente dicen ser pero antes no). Y que nadie se lleve a engaño; que lo que ocurre en Catalunya no es electoralmente extrapolable a lo que acontecerá en España –lo digo por los que vaticinan el naufragio futuro del PP,  y que Vox seguirá subiendo sustituyéndolo-. Para nada. Catalunya electoralmente es un mundo aparte en una galaxia aparte –excepto para Cs-.

Sin duda Pedro Sánchez y el sanchismo –que no es lo mismo que el socialismo clásico español- están haciendo de esa victoria parcial un triunfo total. Pero no nos llevemos a engaño: el sanchismo no deja de ser una teoría política dirigida desde un ego descomunal que, con tal de conseguir el poder, no le importa pactar con quien sea y con lo que sea; y que además es detestada a la vez por una parte importante del socialismo español y también catalán. Ahí posiblemente encuentre su fin, porque ya tenemos un antecedente.

Hagamos un poco de memoria sobre nuestro reciente pasado, y sobre las tumbas que cava el ego. En un momento en que no debería ser cuestión de derechas o izquierdas, sino de populismo destructivo contra racionalismo constructivo, aliarse con lo primero es el mayor pecado –y peligro- que hay hoy en día sembrado en nuestra sociedad (no me voy a poner a repasar lo que fue el siglo XX). Ante  el  sanchismo, la posición de partidos como Cs fue no pactar bajo ningún concepto (siempre dijo no al sanchismo, que no es lo mismo que no al PSOE o socialismo español de siempre, ya que de hecho hubo un pacto PSOE-Cs antes del sanchismo y para hacer a Sánchez presidente, que fue abortado por Podemos; si, esos que son dirigidos por los que van pasando de piso en Vallecas a casoplón donde les da la gana porque alegan que las bases se lo autorizan y porque los tiempos cambian –claro…-).

Quizás una buena solución podría haber sido que Europa –como hizo muchas otras tantas veces en el pasado con nuestra maltrecha historia- hubiese cogido por las orejas a unos y otros y les hubiese dicho  que se dejasen de tonterías y populismos, de pactos que iban a romper con todo, y empezar a hacer política de Estado y altura de miras con los que tenían abierto el mismo frente. Pero no ocurrió, para desgracia de nuestra querida patria que, está en la situación que está. Y no lo digo yo, lo dicen las encuestas sociológicas más relevantes y solventes: la clase política la peor valorada por los españoles, y la economía española siempre por la cola en Europa (datos objetivos, así que nadie me reproche que lo diga, porque para resolver un problema lo primero que se tiene que hacer es constatar que tienes un problema).

Y Cs en vez de mantenerse en su posición centrada y moderada viró a la derecha –llevado por otro ego descomunal y a la misma altura, en un error de dimensiones napoleónicas-. Y perdió dos cosas (bueno ahora ya tres): una buena cuarentena de diputados en el Congreso –que ya vaticinaba su fin como partido relevante y útil-, y la práctica totalidad de afiliados y simpatizantes que realmente son gente moderada y de centro –eso que los autoproclamados progresistas de izquierdas dicen no existir con tal de seguir fogocitando cuando yo, por ejemplo, lo soy y por tanto se convierte en una afirmación que es una completa tontería-. ¿La tercera? Se me olvidaba… Pues la pérdida de Catalunya, el lugar donde se originó y creó;  la  pérdida de su feudo en sus propias raíces –que es lo peor que te puede pasar en política-. Sin raíces un árbol se desploma.

En conclusión, y por correr hacia donde no había camino, Cs le dio a Sánchez lo que quería (el sanchismo), y ahora se lo ha dado de nuevo en Catalunya a los mismos (Illa o Iceta son sanchistas, y para muchos ya ni siquiera socialistas). Y lo peor es que la continuista cúpula de Cs sigue sin enterarse de lo que pasó y ha pasado. Nadie va a dimitir ni a cambiar nada.

Por tanto el PSOE-PSC subiendo y bailando al son de los gustos musicales sanchistas de Iceta (gustos musicales que no comparto, Dios me libre); Cs en caída libre sin posible enmienda –creo que deberían de cambiar de nombre y cúpula, como hicieron otros partidos en el pasado, para recuperar a los reales moderados de centro, elaborando un programa como tal y comportándose internamente también como tal como partido-; el PP en medio de escándalos de corrupción sin consolidar nada y bastante perdidos por no saber ofrecer un discurso claro que cale (en Catalunya más que nunca); y Vox frotándose las manos porque su éxito aquí y allá nadie se lo esperaba y pensando que están en subida libre (no obstante pronostico que como acción bursátil han tocado techo y sólo puede mantenerse o bajar. Ojo que igual me equivoco, y me tendré que alegrar por sus simpatizantes, claro está y dejémoslo claro, que no le deseo nada malo a nadie).

A todo esto –parlamentos fragmentados y lo que es peor, enfrentados vergonzosamente sin fondo ni forma en una política de pactos que sigue sin entenderse porque no hay alturas de mira y de Estado (desde mi punto de vista ni educación básica en muchos momentos)- y la salud y la economía hundida por un virus que parece más inteligente que nosotros aún siendo infinitamente más pequeño porque por no tener, no tiene ni cerebro.

O se recupera la moderación y el sentido de Estado –en definitiva de grupo cohesionado- o seguiremos en caída libre yendo cada uno por su lado (lo estamos, lamento decirlo porque no me gusta y quisiera lo contrario, pero lo estamos). Es simple: si no hay diálogo empático y constructivo nada se va a poder construir ni mucho menos consolidar –véase que ocurre en nuestro país con la ausencia de un pacto por la educación, por ejemplo-. La mayoría de la clase política vive –maleducadamente- de espaldas a la realidad –bueno hay excepciones en alcaldes de pequeñas poblaciones que se dejan la piel por los suyos; pero los suyos no son el partido sino sus vecinos, como tiene que ser-; vive enfrentada en una gresca continua que es una vergüenza rodeada de contradicciones flagrantes; y lo que es peor, todavía no han entendido que su sueldo es pagado para servir a su país, no para hacer con su país lo que les da la gana y servirse de él y su buena gente para sus intereses partidista y particulares (y ni mucho menos para pelearse como críos e insultarse como analfabetos).

Como alguien dijo: La prueba más evidente de que hay vida inteligente fuera de la Tierra, está precisamente en el hecho de que no se han parado a visitarnos. Por algo será, porque lo que está pasando aquí está pasando por todos lados y eso es tan preocupante como ese virus descerebrado que nos trae de cabeza.

Manu Durán. Jurista.

Málaga a 15 de febrero de 2021.

Manu Durán
Jurista con mas de 30 años de experiencia. Colaborador en las tertulias de EsRadio Málaga y Granada.

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