Andalucía y el Reino (de Granada)

Hace unos días, en un medio de comunicación de Andalucía Oriental, publicó un artículo el Miguel Valle Tendero, que fuera concejal del Ayuntamiento de Granada entre 1995 y 1999. El señor Valle dio en titularlo “Granada y su Reino”. En él expresaba una opinión personal sobre lo inoportuno de plantear una división de Andalucía. Recurría a un recuerdo de su infancia e incluía una alocución histórica sobre el decreto de 1833, que, respetuosamente, considero desinformada. Después se aventuraba realizando una serie de afirmaciones, que siendo simplemente disquisiciones particulares, pienso que tampoco eran correctas en orden a su contenido y significado, especialmente en relación con el término “Granadexit”. Finalmente, concluía con una afirmación general y una pregunta que se destacaban en la edición: “Dividir la unidad [de Andalucía] actual es un riesgo al que no encuentro necesidad alguna. ¿Qué beneficios reales y palpables puede suponer el resucitar el Reino de Granada?”.


He dejado pasar varios días, dos semanas realmente, para alejar mi opinión-contestación del contexto en la que se produjo la suya, cuando aún estábamos inmersos en la celebración de la instituida como fiesta de la comunidad autónoma andaluza, el 28-F. Transcurridos estos días, si que considero conveniente no dejar de exponer algunos razonamientos, siquiera fáciles y livianos, sobre lo que equivocadamente, dicho sea con el máximo respeto, fue expresado por el señor Valle, más que nada, por las imprecisiones historiográficas y conceptuales que su artículo contiene. No me meto en ningún jardín donde no haya sido llamado, como a continuación podrá comprobarse.


Retomo su afirmación y la pregunta con la que resumía su opinión y que ya he transcrito más arriba: “Dividir la unidad [de Andalucía] actual es un riesgo al que no encuentro necesidad alguna. ¿Qué beneficios reales y palpables puede suponer el resucitar el Reino de Granada?
Comienzo por su conclusión; porque no creo que la palabra riesgo sea la más acertada para negar la teórica división de esta comunidad autónoma, ante una realidad tan tozuda como dañosa para Granada, como fue amalgamarla en el fracasado proyecto andaluz, que solo respondió —y responde—, a intereses políticos y partidistas, que despreció nuestra propia consideración y valor histórico, realidad administrativa y sentimiento de pertenencia, innegable en 1979-1980, a Granada y su región.


Esta situación perjudicial es tan inmanente, que todavía 41 años después de del nacimiento de la Andalucía única, de la que algunos no han cejado en tratar de convencernos de su falaz carácter legendario, simbólico, mítico y preexistente a la propia España, aún hoy seguimos tratando de defender lo poco que nos queda. No tengo más que aludir a alguno de los temas candentes del momento como la sustracción de la EASP, el intentado y aún latente reparto del TSJA entre Málaga y Sevilla, o la expromisión de los fondos de la Alhambra para no tener que destinar ni un céntimo de los presupuestos andaluces a nuestra tierra. No creo que sea necesario que realice ahora un largo listado de las instituciones de las que Granada ha sido desposeída para ser ubicadas en Sevilla, sin más justificación que la centralidad hispalense por su estatuto de capitalidad, que fue tal vez el primer engaño colectivo que sufrimos el resto de los habitantes de la comunidad autónoma.

Por tanto, creo que el riesgo al que apela el señor Valle está más en continuar en esta declinación. De modo que la pregunta que debió hacerse el señor Valle, parafraseándolo, sería otra en sentido bien distinto: ¿Qué beneficios reales y palpables puede suponer el permanecer en esta Andalucía que nos maltrata sistemáticamente? O, ¿De haberse constituido otra comunidad autónoma en el sureste español nos habría ido igual o mejor?


También en mi colegio había mapas entrañables en los que estaba pintada de modo preciso la “Andalucía Oriental”, que el ministro Patricio de la Escosura concibiera en 1847 dentro de la nueva ordenación territorial del Estado y que se ha mantenido en términos administrativos en general, hasta la imposición de 1980. Asimismo, y aunque este tema no puede ser abordado en este espacio, como el artículo hace referencia al reino “constitucional” de Granada, hago yo otra proposición abierta a la reflexión: ¿Si se hubiera mantenido el antiguo sistema austracista de organización en reinos, tendría hoy España el acuciado problema territorial que padece?


El término “Granadexit”, generado por en el seno de la sociedad civil de Granada Juntos por Granada y que el señor Valle maneja equivocadamente como “Granexit” a causa de una lógica falta de información, no es un concepto esencialmente rupturista, como pudiera entenderse por referencia a la posición británica en relación con la Unión Europea. El “Brexit” fue la denominación del proceso por el que el Reino Unido decidió su segregación política de una Unión con la que no compartía objetivos, sobre todo por el avasallamiento germano que la relegaba a posiciones consideradas perjudiciales, y no solo por el particular carácter identitario británico como se nos ha querido vender. El “Granadexit” no responde terminológicamente a esto último, pero sí a aquello, a: “una no aceptación del status quo actual al que ha sido relegada Granada dentro de Andalucía”. Así consta en los estatutos de la Sociedad Civil Juntos por Granada recientemente constituida, que aspira a patrocinar los intereses de Granada más allá de lo que han demostrado nuestros representantes políticos a lo largo de las últimas cuatro décadas.


Nuestra ventaja ha sido que gracias al caso británico hemos podido acuñar un término descriptivo de enorme fuerza explicativa, que sirve para señalar el desencanto y el desapego que muchos de los habitantes de Granada, y del sureste español, sentimos por los perjuicios de toda índole que nos ha generado la inclusión en esta comunidad autónoma. Una región política y administrativa nueva, por más que se pretenda argüir lo contrario, a la que algunos no han dudado en nominar de “realidad histórica” para tratar de convertirla en una suerte de estado, en el que Granada será, de hecho es ya, una ciudad de tercera, tras haber sido desubicada de su verdadera historia y territorio. Frente a esto el Granadexit, o lo que es lo mismo, la aspiración legítima de Granada a tener un futuro distinto.
CÉSAR GIRÓN

César Girón
Granadino, entre otras cosas es Letrado de la Junta de Andalucía, abogado, y escritor. Actualmente es presidente de distintas entidades intelectuales como Granada Histórica o Sociedad Civil de Granada Juntos por Granada. Colaborador de distintos medios de comunicación de ámbito local, regional y nacional.

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