Entre el cielo y las redes sociales no hay nada oculto

Dice un antiguo refrán “uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice”. Y yo me atrevería a añadir a este final: […] y esclavo de lo que dice, escribe y publica en las redes sociales.

Quizás en ese etéreo aire de libertad de expresión, las redes sociales han confundido a más de una persona –o a millones- haciéndoles creer que las palabras se desvinculan del cuerpo de la persona que escribe, una vez salen de él. En resumen, que lo escrito y publicado no tiene consecuencias.

¡Grave error!

Toda acción genera una reacción y el mundo digital no escapa de esta realidad. Sino pregúntenle a Alexi McCammond, periodista de 27 años de edad, quien a punto de convertirse en directora de la edición juvenil de la revista Vogue tuvo que renunciar a su cargo por unos tuits ´racistas y homofóbicos´ que había escrito en su cuenta cuando tenía tan solo 17 años.

Diez años después, su pasado, la presión de empleados de la revista y la amenaza de dos grandes anunciantes de retirar sus campañas, la hicieron renunciar sin ni siquiera haber asumido el cargo.

“Googleando ahora cómo no despertarme con ojos hinchados asiáticos”. “Superada por los asiáticos”. “asiático estúpido”. Esas palabras ´inocentes´ escritas hace una década en Twitter, fueron ´las culpables´ para que su carrera profesional se viera envuelta en un torbellino de indignación, rabia y retaliación.

Si, definitivamente, entre el cielo y las redes sociales no hay nada oculto, y menos con ´los pantallazos´.

El 23 de abril de este año, en el debate electoral del 4-M realizado por la Cadena SER, todos vimos cómo el candidato de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, abandonó el encuentro, luego que Rocío Monasterio, candidata de Vox, cuestionó la veracidad de las amenazas de muertes recibidas por el ex vicepresidente.

Entre dimes y diretes. Entre solicitudes de retracción y peticiones de largarse de un encuentro que estaba siendo televisado, el evento toma un giro inesperado -como en una novela de ficción- y por demás altamente mediático. Se abre la función de circo. Comienzan las apuestas y los impulsos a escribir en Twitter también.

Impulso número 1. El Partido Popular en ese arrebato de emoción escribió en su cuenta @ppmadrid: “Iglesias, Cierra al salir. 4 de mayo”.
(Minutos después este mensaje fue eliminado).

Impulso número 2. “El PP de Madrid ha condenado las amenazas recibidas, como ha hecho siempre. Somos un partido que condena la violencia, venga de donde venga, siempre”.

Para bien o para mal la espontaneidad es a prueba de ´pantallazos´.

Quiero terminar con un tercer claro ejemplo del poder de las palabras.

En la última semana y a través de las redes sociales, se ha conocido una serie de casos de abuso y acoso sexual, perpetrados por figuras públicas en Venezuela hacia una gran cantidad de mujeres (incluidas menores de edad).

Quizás el que más conmocionó a la opinión publica fue el develado, a través de Twitter, por una chica que bajo el anonimato contó y publicó (gracias a las capturas de pantalla que hizo de todos los mensajes recibidos por parte de su victimario) cómo fue seducida con tan solo 15 años, por un hombre de 36 años.

Un escritor venezolano talentosísimo. Reconocido y admirado por su extraordinaria capacidad que tenía para contar las cosas a través de las palabras. Las mismas que usaba para seducir a las menores de edad. ¡Conmoción total! Conocer el lado oscuro de una persona a la que se le tiene alta estima siempre es un golpe duro.

Las redes sociales estallaron. El escritor (un gran estratega) una vez que reconoció el hecho, intentó defenderse a través de tres comunicados escritos y publicados en su cuenta personal de Instagram. Todo fue a peor.

Se creó un efecto de bola de nieve que crecía cada vez más con los nuevos testimonios de mujeres que se atrevía a publicar ´a mi también me hizo lo mismo´ refiriéndose al modus operandi que mantenía el intelectual con sus víctimas. Ante tanta presión Willy Mckey –ese era su nombre- no soportó ver cómo lo que había hecho en algún momento en Caracas (no me refiero a su trabajo profesional) era conocido en todo el mundo a través de las redes sociales, así que desde Buenos Aires –ciudad donde vivía desde 2018- le pone fin a su vida arrojándose desde el noveno piso de un edificio.

Es cierto cuando dicen que ´somos lo que vivimos´, pero también somos lo que decimos, escribimos y publicamos. Nadie se deslastra del todo de sus acciones y como tal debemos asumir las consecuencias, ser responsables, pero sobre todo apelar al raciocinio.

Betty Hernández.

Betty M. Hernández
Periodista, locutora y migrante. Experta en escritura digital, periodismo institucional, radio y redes sociales. Es venezolana, de padre canario y madre portuguesa, vive en Granada desde el 2019.

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