Voyeristas

Dicen que el silencio nos hace cómplice: callar frente a una injusticia o voltear la cara para otro lado nos hace partícipes de la situación. Hasta aquí todo bien, pero ¿qué sucede entonces cuando se nada dentro de las aguas profundas de un vídeo privado, que se convirtió en viral, de dos personas teniendo sexo? ¿Mirar, cuestionar y reenviar el material, vulnerando aun mas la intimidad de los involucrados, no nos hace cómplices o, peor aún, delincuentes?

La semana pasada se filtró el vídeo sexual de un famoso actor español. No voy a mencionar de qué iba ni quiénes son porque al parecer media España recibió el material audiovisual por WhatsApp. En los grupos de padres, del instituto, de los compis del gimnasio. Todo el mundo, menos yo, lo tuvo en primicia en su teléfono móvil.

Me enteré del ´acontecimiento noticioso´ por Twitter. El nombre del famoso se extendía como pólvora en la red del pajarito azul. Miles de mensajes flotaban en el mundo virtual cargados de juicios, repudio y sobre todo moralidad pura y absoluta. No sé ustedes pero yo tengo la impresión que cuando pasan este tipo de cosas (vídeos privados que los puritanos convierten en viral) automáticamente el paredón digital se activa y entran en acción los seguidores con túnicas de jueces, o inquisidores da igual, para dar lecciones del correcto comportamiento que se debe mantener dentro de la sociedad.

«Infiel». «Se lo tiene merecido». «Quién le manda a grabar lo que estaba haciendo».

Quedé de piedra, sobre todo con el «se lo tiene merecido». Como cuando a una chica la acosan mientras camina por la calle o a una persona le roban un reloj de marca de lujo. «Se lo tiene merecido por llevar minifalda». «Quién le manda a salir de casa con un Rolex en la muñeca». ¡Hombre, claro, merecen la muerte por tanta osadía! Si, por lo visto, al final siempre la víctima se convierte en victimario.

¿Está bien mantener relaciones sexuales extramaritales, en el lugar de trabajo y grabarlo con el teléfono móvil? La verdad es que creo que deberíamos hacernos otro tipo de preguntas, que son tan virales, molestas y perturbadoras como dos personas teniendo sexo: ¿Está bien la forma en cómo el gobierno de turno ejecuta el presupuesto de la Nación? ¿Las promesas electorales, después de 4 años, se han cumplido? ¿Alcanzará el sueldo de este mes para pagar el alquiler, la comida y los servicios?

Mientras todos dan lecciones de moral, nadie cuestiona el morbo que palpita y se desencadena en el pecho, en los dedos y en las pantallas de los dispositivos electrónicos de las personas que consumen pornografía o, más grave todavía, vídeos íntimos de conocidos o compañeros de trabajos.

¿Por qué no condenamos con la misma rabia al que asume que será divertido ver el vídeo de dos personas follando y, sin autorización alguna, lo envía a cientos de números de teléfonos móviles y correos electrónicos? ¿Es que acaso compramos el Rolex, con manchas de sangre, que le acaban de arrancar a su dueño de la muñeca, o participamos en el acoso colectivo de la chica que viste minifalda?

Voyeristas, eso es lo que son los jueces moralistas del paredón de las redes sociales. Voyeristas.

Betty Hernández.

Betty Hernández
Betty Hernández
Periodista, locutora y migrante. Experta en escritura digital, periodismo institucional, radio y redes sociales. Es venezolana, de padre canario y madre portuguesa, vive en Granada desde 2019.

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