¿Qué quieren las mujeres?

En un clásico fin de semana de verano –caluroso, largo y en casa- el aburrimiento me llevó a ver What women want (¿En qué piensan las mujeres? traducción en España) Una comedia romántica que disfruté con una sonrisa tonta en la cara, de principio a fin, mientras me preguntaba de qué hubieran acusado a Mel Gibson, uno de los protagonistas, si la película fuera de ´estos tiempos modernos´. Como mínimo se llevaría la etiqueta de capullo y machista. ¡Y con toda razón!

Durante casi hora y media se puede ver a Mel Gibson interpretar a Nick Marshall, un publicista exitoso, mujeriego, con un ego que no le cabe en el pecho y que cree tener el mundo a sus pies, y a las mujeres también. Pero prometo que suena peor de lo que es, porque me divertí muchísimo, teniendo en cuenta que es del año 2000 y que Gibson se encontraba en su mejor momento, es decir, con un cuerpazo envidiable, algo que los productores sabían muy bien y le sacaron el máximo provecho en varias escenas, ¡las cosas como son!

Sin ánimos de hacer una reseña de What women want, la trama va de demostrar lo complicado que puede ser ´el universo femenino´, tratar de entendernos, descifrar lo que queremos, hasta que una descarga eléctrica le da el superpoder a Nick Marshall de escuchar los pensamientos de las mujeres. ¿Se imaginan tener ese don para conocer qué piensan y quieren los políticos? ¡La historia sería otra!

Pero volviendo al tema de las mujeres, creo que se ha estirado mucho este chicle, el de hacernos creer que somos seres indescifrables, incomprendidas, que jamás nadie estará a nuestra altura intelectual, física o emocional y que –la peor de todas las leyendas urbanas- los hombres le temen a las mujeres independientes, preparadas y ´empoderadas´.

¿Alguien puede medir, con exactitud, cuánto daño puede albergar la psique de una persona (hombre o mujer) que constantemente le hagan creer que es un ser especial, raro, inalcanzable, violento, conflictivo? ¿Cómo se desintoxica una mente llena de discursos manipulados? O peor aún ¿Cómo podemos hacer para que tanta falsa autoayuda no siga destruyendo vidas?

Porque ahora hay algo así como un nuevo orden mundial,  un empeño pues, en que todos debemos ser seres espirituales, llenos de sabiduría, nobleza, control y conocimientos para responder preguntas del tipo: ¿qué te hace feliz? ¿cómo hacer de este mundo un lugar mejor? ¿cómo puedes evitar que un murciélago acabe con la humanidad? ¡Pero si yo ni siquiera sé dónde dejo las llaves cada vez que llego a casa, cómo creen que puedo responder estas intensidades!

Sin temor a equivocarme, creo que los que sobreviviremos a esta hecatombe de la modernidad seremos los que no sigamos ningún perfil de coaching omensajes motivacionalesen las redes sociales (nada personal) ni consumamos discursos políticos, ni refrescos azucarados, en la misma medida.

Al final de todo, me quedo con esa magnifica línea que dice Katherine, la diosa que aparece en la película Bajo el sol de Toscana, personaje interpretado por la actriz Lindsay Duncan, que disfruta –como si no hubiera un mañana- de los simples placeres de la vida: ´el sombrero me hace feliz, y los helados´.

Betty Hernández.

Betty Hernández
Betty Hernández
Periodista, locutora y migrante. Experta en escritura digital, periodismo institucional, radio y redes sociales. Es venezolana, de padre canario y madre portuguesa, vive en Granada desde 2019.

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