Navidad, Navidad, es La…¿Navidad?

  Hemos optado por llamar “atípicas” a las fiestas navideñas de este 2020. Y no faltan razones para comprobar que ciertamente habrá diferencias notables en su desarrollo, aunque si analizamos con más detalle se puede llegar también a la conclusión de que no son mucho más diferentes, aunque sí más discretas y sobrias. A fin de cuentas ¿que ha cambiado? ¿el número de comensales? ¿ la ausencia de cabalgata? ¿las cogorzas de fin de año? ¿los refregones de cotillón y el besar a todo bicho viviente metiendo el morrillo como si te equivocaras?…puede que esto describa el alma mater de estas fechas pero ¿y la navidad y su tan buscado espíritu? ¿donde está la navidad?.

  Aún hay muchos que desconocen el origen pagano de la navidad, y las transformaciones que han tenido lugar desde antiguo hasta llegar a las celebraciones actuales, fruto del esfuerzo de la Iglesia Católica para acabar con las primitivas celebraciones romanas de la Saturnalia, que homenajeaba a Saturno en las mismas fechas en las que hoy situamos nuestra navidad, razón por la cual se eligió el 25 de diciembre para conmemorar la natividad de Jesús y de esa forma arrinconar la tradición romana. Pero la fecha auténtica sigue siendo un enigma, y sólo hay teorías basadas en la presencia de pastores guardando su ganado al raso, cuestión esta muy poco probable en el mes de diciembre, dando lugar a diferentes fechas y meses posibles, siendo septiembre u octubre los más probables según algunos expertos, y Abril o Mayo según otros.

 En cualquier caso, desde mediados del siglo XIX hemos venido celebrando el nacimiento de Jesús y la llegada de un nuevo año con la fórmula conocida por todos, aunque también dicha fórmula ha recibido la erosión que el paso de los años y el frenético avance de la tecnología infringen a costumbres, tradiciones y ciudadanos obligándoles a modificar su forma de actuar.

 Sin la más mínima intención de hacer un nostálgico recorrido por tiempos pasados, que no necesariamente tuvieron que ser mejores, si me gustaría dejar mis sensaciones acerca de lo que, al menos yo, hecho de menos; como, por ejemplo, la desaparición de la tradicional tarjeta de navidad, más conocida como “christmas”.

 Resulta bastante singular que en tiempos del régimen de Franco se usara sin problemas un vocablo en inglés para dar nombre a nuestras felicitaciones navideñas. Pero ciertamente me parecian mucho más cercanas, y si cabe más elegantes, aquellas felicitaciones de cartulina, en muchos casos fabricadas por nosotros mismos, o por los niños, que los actuales whatsapp, fríos y, casi siempre, en serie. No contesto a aquellos que me mandan una felicitación en serie, no me parece serio. Tengo el firme propósito de recuperar la felicitación de cartulina para el año próximo; aunque, ahora que caigo, ya no tengo la dirección de casi ningún amigo ¿a dónde las voy a mandar? .

 Otra desaparición del espectro navideño ha sido despedir el año y dar la bienvenida al nuevo en familia. Si, aunque luego los jóvenes se quieran ir con los amiguetes a pegarse su juerguecita. Hoy sin embargo parece que, a partir de los trece o catorce años, se sienten tan hombrecitos y mujercitas que sus padres estorban en moméntos como esos. No tienen muy en cuenta los esfuerzos que esos mismos padres hicieron, en muchos casos, para comprar el regalo de reyes que ellos habían pedido. Tampoco el que el dinero para su gran fiesta se lo dan ellos en casi todos los casos, y la ropa de marca, y hasta la ropa interior, de la que se despojaran de madrugada, en la mayoría de los casos, frente a la mujer o el hombre de su vida (por el moménto) para recibir al nuevo año…de buena forma.

  La navidad ha perdido su condición de fiesta familiar y su carácter cristiano, arrojándonos a los pies del más desmesurado de los consumos y de la hipocresía social. En nochebuena no nos reunimos en torno a la familia sino en torno a los centollos, hasta el pavo está perdiendo terreno. Son más importantes las comidas de empresa, esa moda absurda que facilita tanto el hacer el ridículo a algunos y hace pensar, ingenuamente, que se tiene una gran confianza con el jefe. Todo termina el siguiente día laborable, pero se cuidan con esmero esos aspectos, dejando en segundo plano otros, como por ejemplo ir a comprar ese regalo preferido por tus seres queridos antes de que se agote.

  La situación especial que vivimos este año ha creado una invasión popular de redes sociales acuciados por los confinamientos y medidas tomadas por los gobiernos para intentar detener le enfermedad. Pero este hecho ha propiciado también una utilización grotesca, a veces esperpéntica, de las herramientas que nos facilitan esas redes. Y el peligro no radica en hacer el imbécil, cuando no trasgredir normas y leyes, está en la cantidad de niños y jóvenes sin un carácter formado que se “beben” literalmente esos videos creyendo firmemente en lo que ven y forjándose ídolos con los pies de barro, el cerebro de corcho y el tabique nasal de platino.

 No, ya hace tiempo que nos robaron la navidad a aquellos que creemos en ella. Me da pena de que no sepamos conservar nuestros tesoros particulares y seamos presa fácil de los dictados que emite yanquilandia para que los sigamos como mansos corderitos al ritmo de un Papa Noël que, como buen republicano, nos va a dejar sin reyes el año menos pensado.

Miguel Angel Sesarino

Miguel Ángel Sesarino
Miguel Ángel Sesarino
-Periodista y comunicador jiennense afincado en Málaga desde 1984. Tras su paso por la Universidad Complutense comenzó a ejercer el periodismo en la Cadena Ser de Jaén, siendo destinado a Radio Andújar donde desarrolló labores de turno e informativos. Posteriormente dirigió y presentó magazines y programas especiales. En 1985 y 1986 dirige y presenta un programa nacional de larga duración en Radio Centro de Quito (Ecuador) para la Cadena Melodial, ampliado posteriormente a través del Callejón Interandino hasta zonas de Perú, Colombia y Florida (EE. UU.) Tras su paso por Ecuador trabaja en Málaga en emisoras locales (Radio Fahala, Radio Churriana). Posteriormente entra en la programación de la emisora de Cadena Radio Voz Málaga para pasar luego, desde el principio de sus emisiones a la cadena radiofónica EsRadio Málaga. Paralelamente ha escrito artículos de opinión y reportajes para diversas publicaciones en España, Ecuador y México, ha publicado dos libros de relatos cortos y otro está a punto de ver la luz. En la próxima primavera saldrá también una novela.

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