Aplastemos el comunismo

He querido comenzar este artículo con un titular duro y llamativo, aprovechando la libertad que me da escribir desde un medio sin censura.

La deriva dictatorial que está asolando nuestro país nos hace levantarnos cada día más sorprendidos que el anterior. La sorpresa de hoy es la aprobación por la puerta de atrás -como ya nos tienen acostumbrados- de un nuevo Decreto-Ley con el objeto de modificar el concepto de consumidor vulnerable que el propio gobierno diseñó hace sólo un mes, y con el que pretenden blindar los desahucios. De este modo no se puede echar a los ocupas si no han entrado en las casas (vacías) con violencia física contra el ocupante (que normalmente no existe). O lo que es lo mismo, nos han colado una expropiación encubierta por parte del ocupa que atenta directamente contra la propiedad privada.

No se trata de regular a los grandes fondos de inversión que atesoran viviendas sin otro fin que la especulación y contra los que cualquier persona con sentido común estaría en contra, se trata de atacar de manera directa a la propiedad privada, al ahorrador medio.

A este gobierno de comunistas que se permite retirar cruces católicas por el mero hecho de serlo, deberíamos recordarle que los sentimientos religiosos no son propiedad suya, que por el mero hecho de ganar unas elecciones no pueden dictar arbitrariamente los caminos de los municipios que rigen, porque eso es dictadura, y eso es comunismo. Lo ocurrido con la Cruz de Aguilar de la Frontera, tirada sin decoro a un vertedero, afecta gravemente a la moral de aquellos que en la cruz nos sentimos identificados y reconfortados, de aquellos que creemos en una España de libertades, de sacrificio, de propiedad privada ganada con mucho esfuerzo, y sobre todo de aquellos que creemos en la libertad para poder decir sin censura alguna -al menos de momento- que es nuestra obligación aplastar al comunismo.

Y no podemos esperar a las urnas, por cada cruz que nos quiten, por cada ataque a la propiedad, por cada insulto a nuestros símbolos, la sociedad civil tiene que levantarse; gritar en redes sociales, en nuestros bares, con nuestros amigos, conocidos o con quién nos quiera escuchar. Se están aprovechando de una España frágil creando en nosotros la necesidad de meter cada dos años una vulgar papeleta en una urna. Para salvar nuestra comunidad podemos hacer mucho más que el remedio triste de nuestras desiguales votaciones.

Ante su falso discurso de hacer la revolución, hagámosla nosotros, gritemos alto y claro que queremos una España justa, igual en oportunidades, próspera, con una gestión ordenada. Aunque triunfara en España de manera total el comunismo, al que suscribe no le van a convencer diciendo que la Patria no existe, que la educación es un privilegio burgués o que las Iglesias no son más que museos sin Dios.

No estamos solos, escapemos del rencor y del miedo aunque tengamos un enemigo difícil y cruel. Son los mismos, no se engañen, los mismos que mataron a 27 millones de personas en la red Laogai China, el equivalente al Gulag soviético. Los mismos que permitieron la hambruna Kazaja en la extinta URSS con 500.000 muertos literalmente de hambre. Los mismos que asesinaron en Camboya a 3 millones de personas por los Jemeres Rojos. Los mismos que mataron a un millón de personas para instaurar el comunismo en Yugoslavia. Los mismos que enviaron a más de 200.000 personas a los campos de concentración de la URSS en la Segunda Guerra Mundial. Los mismos que han provocado la muerte de millones de personas en el mundo, y no son pocos los ejemplos a citar: Etiopía, Rumanía, Venezuela, Checoslovaquia, Polonia, Hungría, Angola, Colombia, Albania, Laos o Bulgaria pueden dar testimonio reciente de lo devastador que ha resultado el comunismo en sus países. En todos estos casos comenzó igual, atacando libertades, atacando sentimientos religiosos e imponiendo un pensamiento único que no permite disidencia, al igual que ahora en España.

Por eso desde esta privilegiada tribuna desde la que escribo me permito decir que por cada cruz que nos derriben levantaremos cien, no físicamente, sino con nuestra resistencia moral e intelectual, que aplastaremos el comunismo y que España volverá a reír vigorosa y próspera ante los ojos de esos enemigos que hoy copan nuestras instituciones.

Antonio Estella

Antonio Estellahttp://www.mlalegal.org
Socio director del despacho de abogados Mlegal. Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada se especializó en derecho de los negocios en las prestigiosas escuelas jurídicas Harvard Law School e Instituto de Empresa, para posteriormente comenzar su carrera profesional en despachos internacionales como Garrigues, Deloitte y MLA. En la actualidad compagina su ejercicio profesional con la colaboración en distintas universidades y escuelas de negocio como profesor

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