Gracias, pero no me feliciten

El 08 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, aunque muchas personas insistan en ´celebrarlo´. Y a pesar que esta fecha es necesaria para honrar a mujeres (y hombres también) que trabajaron (y trabajan) arduamente para que los derechos –de cualquier índole- fueran reconocidos sin distinción de género, como lo hicieran en su momento las sufragistas, yo cada vez siento más descontento con este día en particular.

En ese empeño por alcanzar la igualdad, a través de discursos populistas incendiarios, siento que se han trazado líneas profundas de división entre ´bandos´. Que los verdaderos problemas, como un sistema de justicia que deja sin pena a quien comete un feminicidio o cualquier acto que esté al margen de la ley, son maquillados con mensajes adornados de palabras como ´patriarcado´, ´machismo´ o ´la culpa es del Gobierno anterior´.

Amarga siento la boca al leer sobre la cantidad de madres autónomas –y padres también- que bajo la asfixiante situación económica que se vive como consecuencia de la pandemia, se han visto obligadas a darse de baja porque les resulta imposible pagar la cuota de autónomo a la Seguridad Social y los impuestos correspondientes (las ayudas económicas prometidas por el Estado y la conciliación no les ha llegado a todas) pero al mismo tiempo una alta funcionaria del Gobierno, precisamente la que lleva el tema de ´igualdad´, ha sido señalada por usar presuntamente una de sus asesoras –es decir una persona que devenga un sueldo de los fondos públicos- como niñera particular.

Y mientras más me entero de peticiones que se hacen a la RAE para admitir el lenguaje inclusivo (miedo me da leer un día cosas como ´policío´ o ´periodisto´) y más veo el empeño de los políticos por incluir en sus discursos populistas términos como ´todes´ -porque hay que luchar por la igualdad e inclusión-, la Organización Mundial de la Salud confirma que más de 200 millones de mujeres y niñas han sido sometidas a la espantosa práctica de la mutilación genital femenina en los 30 países de África, Oriente Media y Asia. Cosas tan abominables como estas me resulta imposible entender que siga ocurriendo ante el silencio de un planeta entero.

Para incluir hay que dejar de dividir. Para igualar a todos es necesario dejar de hacer distinciones.

Crear profesiones y planes especiales para mujeres lejos de igualar –a mi modo de ver- nos coloca etiquetas a cada una de nosotras en la frente. Escuchar a políticos decir ´gobernaré en función de las mujeres´ me hace preguntarme por qué deben separarnos del concepto de sociedad o ciudadanos. Resaltar mi género a la hora de obtener algún reconocimiento o alcanzar una meta me resulta hasta ofensivo. Es necesario destacar los talentos, la preparación, las habilidades, el oficio que desempeña una persona, no una mujer o un hombre, esto si realmente queremos vivir bajo la igualdad de condiciones.

Alguna vez se han preguntado si los políticos realmente solucionaran los problemas que nos aquejan –como la violencia de género, por ejemplo- ¿qué tendrían que prometernos entonces durante una campaña para que pudieran contar con nuestro voto? ¿de qué hablarían durante todo su periodo de gobierno para mantenerse dentro de la opinión pública y los medios de comunicación?

¡Gracias, pero no me feliciten!

Betty Hernández.

Betty M. Hernández
Betty M. Hernández
Periodista, locutora y migrante. Experta en escritura digital, periodismo institucional, radio y redes sociales. Es venezolana, de padre canario y madre portuguesa, vive en Granada desde el 2019.

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