¡Quiero ser influencer!

Médico, piloto, escritor, ingeniero, arquitecto. Estas podrían ser algunas de las profesiones que cualquier niño de mi época contestaba cuando un adulto intenso no perdía la oportunidad de preguntarle ¿qué quieres ser cuando seas grande?.

Se tenía como referencia a los padres, tíos, maestros del cole, amigos de la familia, personajes destacados del barrio y por supuesto a los superhéroes. Un niño atrevido a lo mucho contestaba ¡quiero ser Superman!

¡Ahora ni de chiste!

Estamos experimentados cambios en todos los sentidos. Lo he escrito un montón de veces. Y por supuesto que las aspiraciones profesionales no escapan de esta realidad. Para muestra las nuevas ´profesiones´ del Siglo XXI: Youtuber o Influencer.

Diré que en el primer caso (personas que se dedican hacer vídeos especializados para publicarlos en Youtube) existe un contenido valioso en algunos casos, que aportan soluciones y conocimientos para el publico que visita esta plataforma. Si lo usas con inteligencia puedes convertir esta red social en un medio de comunicación para visibilizar tus talentos. Bien por todos aquellos que lo hacen.

Ahora los influencers, con todo respeto para quienes se autodenominan así, confieso que me tienen un poco confundida y que cuando escucho a un niño decir que se quiere dedicar a esto de mayor siento que hemos fracasado como sociedad.

A ver, todos tenemos ´influenciadores´ en nuestro entorno cercano: lo que dice la abuela, lo que hace la profesora de educación física o el trabajo que realiza papá pueden ser patrones de conducta a replicar. En la mayoría de los casos porque el mensaje se basa en que si trabajas de forma constante en lo que quieres, obtendrás el resultado que deseas. Como una fórmula matemática. Y precisamente aquí es cuando me pierdo con los ´influencers´ de las redes sociales.

´Gana dinero por publicar en Instagram. El éxito radica en conseguir las cosas sin salir de casa. Conoce el mundo sin invertir un céntimo´. Estos, entre líneas, parecieran ser los mensajes que alimentan las aspiraciones de los niños y jóvenes de esta década: vivir con el menor esfuerzo para obtener la mayor ganancia. Postureo total. Sin duda toda una ilusión óptica.
Una generación con cero aspiración, capacidad de pensamiento y mucha frustración pareciera ser lo que se está gestando. Y claro, frente a un sistema que no valora ni reconoce el talento de maestros, policías, bomberos, médicos, escritores, pues no es descabellado sentir atracción por las nuevas y peligrosas profesiones.

Los influencers al parecer son todos unos expertos en experimentos sociales. Ellos inician retos que en teoría parecieran ser inofensivos, pero si realmente le metemos la lupa podríamos darnos cuenta que el camino que se está labrando no es nada alentador, considerando además que son millones de personas las que obedecen la orden de hacer lo que se le pide, grabarlo y publicarlo en las redes sociales.

El Coronavirus Challenge, el reto consistía en lamer la tapa del inodoro. Benadryl Challenge, aquí se trataba de tomar la mayor cantidad de pastillas de este antihistamínico. Ballena azul, los participantes debían seguir una serie de instrucciones, algunas de ellas realizarse cortes en la piel y la ultima misión de este ´juego´ era el suicidio. Tide Pod Challenge, la orden aquí es comer, morder o cocinar capsulas de jabón como si fueran dulces.

¿Se dan cuenta por qué le temo tanto a los influencers?

¡Y a Mark Zuckerberg también le tengo miedo!

El fundador de Facebook tiene la intención de crear un Instagram ´seguro´ para niños menores de 13 años. Este chico sí que se ha tomado en serio el control de las conductas sociales, la censura de contenido en las redes sociales y por supuesto la creación de una inmensa y valiosa base de datos de los habitantes de este planeta.

Con toda sinceridad lo que más deseo es volver al origen, a lo simple, a lo cotidiano: a la pelota en el parque, a la admiración por la profesora de matemáticas, al agradecimiento por el médico que cura mis dolencias y que este sea respetado dentro del sistema, a sentarnos en la mesa sin dispositivos electrónicos, a las risas sin filtros.
¡Bendita capacidad que tenemos los humanos construir y destruir al mismo tiempo!

Betty Hernández.

Betty M. Hernández
Periodista, locutora y migrante. Experta en escritura digital, periodismo institucional, radio y redes sociales. Es venezolana, de padre canario y madre portuguesa, vive en Granada desde el 2019.

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