¿Le importa si me siento a su lado?

El metro llega a la hora que indica la pizarra. Son 15 estaciones las que me separan para llegar a casa y el verano comienza a sentirse. Al entrar al vagón me consigo con dos sorpresas: adentro hace más calor que afuera y las pegatinas con el mensaje ´No utilizar este asiento ¡Gracias!´ desaparecieron.

A medida que el metro avanza más personas se suman con la misma cara de sorpresa al entrar: hace calor y además podemos sentarnos unos al lado de otros (quizás la misma cara que yo también puse). Sin embargo, nadie se atreve a ocupar la plaza cerca de otro ser humano, reina una especie de desconfianza y desequilibrio emocional; la rutina a la que nos habían acostumbrado desde hace un año la desmontaron de un día para otro y ya saben lo que dicen ´el hombre es un animal de costumbre´.

En el medio del vagón hay un hombre que le pide a una señora que no se siente a su lado, que ´esto´ aún no ha terminado y que debemos seguir manteniendo la distancia. Curiosamente, este señor minutos antes había finalizado una conversación por su móvil con alguien diciéndole: ´espérame en el bar de la casa que llego en 10 minutos´.

Yo sigo en mi viaje. Ese día no llevo libro y como me propuse no usar tanto el móvil, pues miro por el cristal el camino, un tanto absorta, lo normal.

  • ´¿Le importa si me siento a su lado?´

De golpe esta pregunta me saca de mi asilamiento. Una señora visiblemente fatigada por el calor y con mucho cansancio físico continua justificándose ante mi: ´es que me duelen mucho los huesos y no aguanto estar más tiempo de pie´.

Le pido por favor que se siente a mi lado y le dejo saber que para nada me molesta. ´Al contrario, así nos hacemos compañía mientras llegamos a nuestro destino´, agrego.

´Soy maestra de 4to grado y estoy vacunada. Nunca me he contagiado, ni ninguno de mis alumnos. Lo que si hemos tenido son muchos niños con ansiedad y depresión. Yo también me noto con algo de eso, con muchas secuelas psicológicas, además de los dolores en los huesos, pero esto ya es por la edad´.

Me sorprende todo: escuchar una especie de presentación tranquilizadora con el ´estoy vacunada´, justificar nuestros movimientos y por supuesto desconfiar de todo lo que se mueva a nuestro alrededor.

¿Será que debemos aprender a ser de nuevo seres humanos?

Además, es muy irónica la selectividad que como ´seres racionales´ demostramos. Necesitamos ir a bares, restaurantes, cines, conciertos para ´volver a la normalidad´, pero aún no estamos preparados para ocupar todas las plazas del metro o que nuestro médico de familia nos atienda en persona.

Lo de las secuelas psicológicas es muy cierto como dice la señora, pero también lo es la ignorancia, la manipulación y el abuso de poder que ha quedado más que en evidencia durante este último año pandémico.

´Presidente de Filipinas ante ausentismo en puntos de vacunación: “o te vacunas o te meto preso”. ´Al menos 153 empleados de un hospital de Texas dejan sus trabajos o son despedidos por no vacunarse contra la COVID-19´. Estos son dos titulares (pandémicos) que he conseguido mientras leía las noticias.

Al parecer el virus chino da para mucho, hasta para ser utilizado por los políticos como medio de coacción.

Betty Hernández.

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Betty Hernández
Betty Hernández
Periodista, locutora y migrante. Experta en escritura digital, periodismo institucional, radio y redes sociales. Es venezolana, de padre canario y madre portuguesa, vive en Granada desde 2019.

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