Por Dios y por España

Cuando estudiaba historia de España siempre hubo un detalle que me cautivó de manera especial, y es el uso propagandístico tan genial que resultó para Franco autodenominarse «Bando Nacional», podía haber utilizado mil calificativos, pero escogió la palabra nacional para aunar las voluntades patrióticas de un pueblo que siempre se tuvo por valiente y por honrado.

Esta significación, unida al culto a los caídos como un elemento evidente de sacralización de la política ha sido percibido durante años como un sacrificio colectivo, una comunión espiritual con la Patria, que hizo que aquellos que se dejaron la vida en las cunetas españolas tuvieran una merecida recompensa a su sacrificio, o lo que es lo mismo, ahonda en la idea espiritual de que no murieron por nada, sino que les debemos el actual estado del bienestar y Paz que disfrutamos. Y esta reflexión vale para nacionales y republicanos, o azules y rojos si a usted la gusta más, creo que a ellos ya les da lo mismo.

Para entender que en la Guerra Civil nada fue blanco o negro no necesitamos una tesis doctoral, basta escuchar a nuestros mayores y entender que muchos de ellos lucharon donde les tocó, ni más ni menos, y que probablemente tenían poca voluntad -o ninguna- de descerrajar un tiro en la sien de su vecino, su primo o su hermano.

El morir por la patria como sacrificio no es una idea nacional, ni franquista, es universal a toda contienda bélica y los que han muerto en defensa de su Patria, de un color u otro merecen descansar en un sitio digno. Por eso el Valle de los caídos no es el Valle de los Caídos Nacionales, sino que es un lugar de culto para todo aquel que perdió un ser querido en nuestra cruel y espero que irrepetible guerra civil. Todos hemos agradecido un lugar así para rezar y reconfortarse ante la dureza y la crueldad del ser humano en su conjunto.

La proclamación del famoso último parte de Guerra el Sábado Santo de 1939 tuvo una primera consecuencia, y fue hacer más presente el dolor de haber vivido el trauma de una muerte masiva, prematura e injusta. Por eso cuando uno nombra a los caídos, inmediatamente en nuestra cabeza, casi sin querer, asoma la coletilla por Dios y por España. Por Dios porque todo el mundo quiera o no, cuando asoma el vacío de la pérdida de un ser querido, mira al cielo y reza (a lo que sea), y por España porque la tierra que hoy amamos está abonada con la sangre de aquellos que hicieron un sacrificio mayúsculo por la reconciliación entre españoles.

Por eso siento profunda pena cuando tengo que tragar como mi amiga Martina Velarde de Podemos (vaya papelón) anuncia que quieren acabar -también- con la denominación de Valle de los Caídos para llamarlo de Cuelgamuros. No quieren acabar con los caídos, sino con el concepto de Dios y España que rodea al Valle. La teoría de la conspiración masónica-comunista nunca tuvo más fuerza en España, y nos obliga a recordar aquellas teorías nacidas a comienzos del S. XX, que hoy se estarían culminando, por medio de las cuales se pretendía imponer, gracias a la capacidad revolucionaria del comunismo, un nuevo orden que acabase con el estado del bienestar y el liberalismo económico. O dicho de otra manera, un nuevo orden que imponga el yugo de la izquierda a todo aquel que se sienta libre, y su materialización más radical se llama Pedro Sánchez.

Con crisis sanitaria, energética, de suministros, el recibo de la luz más caro de la historia, el gasoil por las nubes, los peajes en autopistas, una política fiscal confiscatoria, inmigración descontrolada, puertas giratorias, subvenciones a sindicatos y chiringuitos ideológicos por doquier, una judicatura al servicio del poder ejecutivo, una fiscalía politizada y unos fondos europeos por despilfarrar, van los comunistas y sacan el comodín de Franco y el Valle de los Caídos. Por eso, por Dios y por España, mientras me dejen un teclado, seguiré pidiendo a todos los españoles, de izquierdas y de derechas, que acaben ya con este gobierno dictador y sucio.

Antonio Estella Pérez.

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Antonio Estella
Antonio Estellahttp://www.mlalegal.org
Socio director del despacho de abogados Mlegal. Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada se especializó en derecho de los negocios en las prestigiosas escuelas jurídicas Harvard Law School e Instituto de Empresa, para posteriormente comenzar su carrera profesional en despachos internacionales como Garrigues, Deloitte y MLA. En la actualidad compagina su ejercicio profesional con la colaboración en distintas universidades y escuelas de negocio como profesor

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