La indignidad del paso del tiempo

Al parecer podemos vivir la vida sin condiciones y de muchas maneras. Podemos cambiar de sexo, de partido político, de compañía de teléfono, de amigos, de pareja e incluso de nacionalidad, pero envejecer solo lo debemos hacer de una forma: con dignidad.

En esta sociedad moderna –y pandémica- las huellas que deja el paso del tiempo en algunas personas es mal visto, impropio, deplorable, ´indigno´. Se puede aceptar todo menos ver envejecer a alguien, y mucho menos si ese alguien es un personaje famoso.

Lo vivió hace poco Sarah Jessica Parker. La actriz que interpreta el personaje de Carrie Bradshaw en ´Sexo en la ciudad´, volvió a las pantallas electrónicas con And just like that, una secuela de la famosa serie de televisión estadounidense. Nervios, drama, expectativas y emoción revoloteaban en el aire de la fanaticada o de los Sex and the city lovers, pero, una vez que las primeras imágenes de la producción se publicaron lo que más llamó la atención, y de lo único que se habló, fue del aspecto físico de Jessica Parker.

Canas. Arrugas. Estropeada. Descuidada. Vieja. Horrenda. Cualquiera de estas palabras figuró en la avalancha de críticas que recibió la actriz porque ya no se ve como antes. Vale decir que el primer capítulo de Sex and the city se transmitió en 1998 y el último en 2004. ¿Alguien puede verse igual que hace 23 años? Me temo que, por mucho que lo intentemos, la respuesta es no.

Pero a Parker la lincharon, la destrozaron y hasta le desmeritaron su talento como profesional por las arrugas en su cara y cuello. Ahora con la apariencia de una mujer de 56 años, y con menos colágeno y elasticidad en la piel, para algunos les resulta molesto ver su rostro en la televisión. Fue tanto el revuelo, que la propia actriz confesó en una entrevista: «Sé qué aspecto tengo. No tengo otra opción. ¿Qué quieren que haga? ¿Dejar de envejecer? ¿Desaparecer?».

Y esto es un ejemplo de una persona famosa, pero a menor escala nadie está exento de ser el tema de conversación, por haber envejecido, en reuniones familiares, en los reencuentros con amigos o en las publicaciones de redes sociales.

El tan famoso ´envejecer con dignidad´ pareciera que lo que realmente quiere decir es: ¡Cuidado en cómo te vuelves viejo! Mientras menos arrugas, más aceptado serás en esta sociedad que se vende como inclusiva, pero no es mas que una oferta engañosa.

Sería estupendo si entre tantos discursos moralistas, de amor propio y de empoderamiento se incluyera el ´envejecer siendo realmente feliz, saludable y en forma´. De esta manera nos ahorramos las críticas y sobre todo los desencantos porque jamás nos volveremos a ver de 20 años, pero esto no tiene por que ser una tragedia, al contrario, es una garantía de que no volveremos a cometer las mismas tonterías que hicimos cuando teníamos esa edad. Además que visto el mundo como está, envejecer se casi un milagro o un verdadero acto de rebeldía.

Betty Hernández.

Betty Hernández
Betty Hernández
Periodista, locutora y migrante. Experta en escritura digital, periodismo institucional, radio y redes sociales. Es venezolana, de padre canario y madre portuguesa, vive en Granada desde 2019.

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