Y sin embargo… nos quieren.

Le sorprenderá al lector este artículo, imagino que son los efluvios que trae escribir de madrugada. La causante de mis desvelos no se alteren, es un querubín de año y medio que -por fin- duerme plácidamente a mi lado con una cara que hace que afloren sentimientos que nunca esperé vivir.

Y es que en tiempos de pandemia, en los que las relaciones afectivas cada vez quedan más distantes por prescripción médica y política, es importante que recordemos cuánto se nos quiere, y cuánta falta hace expresarlo.

Las muestras de cariño, si uno lo piensa, nos rodean por todas partes. Les recomiendo que realicen el bonito ejercicio de la reflexión, hoy en desuso en gran parte por culpa de la inmediatez a la que nos tienen habituados las redes sociales. A mi me gusta pararme a reflexionar mientras conduzco, pues resulta un momento perfecto para desatender el teléfono y evadir la mente en carretera.

Así me asaltan recuerdos en forma de sonrisa, como cuando me dirijo a mi mujer, esa persona que soporta mis locuras -y no son pocas- y me anima cuando le digo que me voy cuatro horas con la bici. En realidad cuando le digo que me voy con la bici lo que le estoy diciendo es: me voy con mis amigos toda la mañana, ya sé que anoche te levantaste a las 4.30 am para trabajar, pero quédate con la niña, la ropa, la casa… y encima pon buena cara que la bici es dura ¿hay muestra de amor más grande que la que encontramos en las pequeñas cosas? Por eso, y porque me quiere, su sonrisa no tiene precio.

También me siento querido cuando cojo mi mochila y a ese amigo de cuatro patas que no deja de babear a mi lado y nos dirigimos a pasear por el rio, esa mirada de reojo que me pone cuando empezamos a correr en plena naturaleza expresa tanto amor que difícilmente puede uno imaginar cómo se abandonan más de 100.000 mascotas al año en España.

Y qué hay de esos amigos que saben ponerte en tu sitio cuando empieza uno a desvariar y perder el norte, que saben hacerlo con cariño, dando el espacio que uno necesita y haciendo que vuelvas al redil casi sin darte cuenta, de una manera cómplice, eso es una gran muestra de amor que no necesita de contacto físico.

También encontramos cariño en las situaciones extremas; nunca olvidaré como recorriendo el desierto del Sahara en bicicleta me encontré con la recta más interminable del mundo y la «pájara» más cruel, cada pedalada era agonía, pero a mi lado, en silencio, simplemente estando ahí, nuevamente tenía un amigo para terminar con éxito la aventura.

O esa persona que te ha visto germinar como semilla, que piensa que vales tanto como el que más y que recientemente me ha ofrecido participar en una mesa redonda para discutir sobre el aborto, con un cartel de contertulios al que difícilmente podría alcanzar en nivel y lucidez argumental, esas personas que tienen confianza ciega en ti, a pesar de conocer todos tus defectos, te hacen ser consciente de cuánto se nos quiere.

En una conversación reciente me citaron una frase del cardenal Sarah, que venía a decir que el hombre de hoy es como Adán pero con teléfono móvil. He reflexionado sobre ello y seguramente si, porque Adán con sus defectos, y virtudes que tendría pero que nunca han trascendido por su mala fama, también sería querido. Y es que no somos seres individuales, somos seres sociales por mucho que el covid se empeñe en impedirlo, por eso no como individuos, sino como colectivo venceremos la pandemia, porque nos queremos y apoyamos, y porque todos sin excepción somos queridos por los demás.

Por eso es importante que todos pensemos en esas cositas que tenemos cerca, que están ahí y que en la inmediatez del día a día apenas valoramos. Reflexionemos, valoremos, y dejémonos querer.

Antonio Estella

Antonio Estellahttp://www.mlalegal.org
Socio director del despacho de abogados Mlegal. Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada se especializó en derecho de los negocios en las prestigiosas escuelas jurídicas Harvard Law School e Instituto de Empresa, para posteriormente comenzar su carrera profesional en despachos internacionales como Garrigues, Deloitte y MLA. En la actualidad compagina su ejercicio profesional con la colaboración en distintas universidades y escuelas de negocio como profesor

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