Con el cuento a otra parte

No aburriré haciendo una larga, casi interminable, enumeración de falsos logros del régimen andaluz durante el período de 38 más 3, que es el espacio de los 40 años —no cuento el período preautonómico— trascurrido desde aquel aciago 28-F, el del pucherazo, en que comenzó para Granada el camino de su eliminación, metódica, calculada, cainita…  

Veo en televisión, leo en ediciones y oigo en radios la campaña desplegada por la Administración de Junta, llamando a celebrar esos 40 años —todavía no toca, porque el primer estatuto fue aprobado por Ley Orgánica 6/1981, de 28 de diciembre— de autonomía. Cuatro décadas de no sé qué para Granada, que no sea la más completa y absoluta nada, de la total negación de nuestra histórica región, que ha sufrido con esta autonomía apócrifa la más grave expropiación de sus instituciones, cosas materiales y significado, que jamás se hubiese podido imaginar ni por el más osado de los profetas del andalucismo. 

El Gobierno andaluz nos llaman a festejar el próximo día 28 de febrero el hecho de que hace 41 años se produjo un referéndum que fue amañado; un referendum en el que una parte de aquellos pretendidos andaluces, engañados y ciegos por falsas promesas e ideales a un más mendaces, dijeron de acceder a la autonomía por la vía del art. 151 de la Constitución, a pesar de que no se logró en modo alguno cumplir los requisitos que exigía la ley, la misma que no dudaron en saltarse desde el Congreso y suplir la clara expresión negativa del pueblo, más concretamente de Almería —atrás quedó el nunca bien aclarado asunto de Jaén y algunas otras cuestiones en las provincias de Granada y Málaga—. Imagínense si hoy todavía muy pocos han leído la Constitución, pensemos lo que la habría leído un pobre ciudadano del momento, que podrían contestar a aquella enrevesada pregunta que se sometió a consulta. Solo cabría pensar como recientemente ha dicho Joaquín Leguina sobre que “los referéndumes son el instrumento más antidemocrático que puede emplear el poder”. Ahí es nada… 

Lo que es innegable es el total el desapego de Granada hacia el fallido proyecto andaluz y que este crece día a día. Es tal, que no han servido para nada años de adoctrinamiento a base de soltar euros a propagandistas prosélitos, que si el referéndum del 28-F se celebrara hoy, hasta sin apaños, saldría rotundamente que no a esa idea descabellada y dañosa que fue formar una comunidad autónoma con otra región tan diferente y voraz con la que muy poco teníamos, y tenemos, que ver, con la Andalucía occidental, o la Andalucía, simplemente, si se quiere. Claro que lo que a aquellos granadinos se les preguntó no fue si querían formar parte de otra comunidad. Ni siquiera se les preguntó algo que pudieran entender, porque la proposición de la consulta fue algo así como: “¿quiere usted acceder a la autonomía por la vía del 151 o quiere usted…?”, poco más o menos.

Y con los aires y proclamas del momento en la que todos gritaban, con la transición y la recién estrenada democracia, “Libertad, Amnistía y Autonomía”, muy pocos fueron los que repararon en el engaño que se hacía caer a Granada y su histórica región enclavada en el sureste español. Y los que disintieron o se atrevieron a objetar lo más mínimo, fueron tachados de fascistas, antidemócratas y con todo tipo de epítetos despectivos. Los frutos de este entuerto, del baldón llamado Junta de Andalucía, son los resultados que padecemos bien patentes ahora, donde Granada, capital y provincia, y Granada como región histórica, y prácticamente todo el sureste, aunque Málaga haya prosperado más por méritos propios que por el apoyo andaluz, ha llegado a la actualidad con nada absolutamente que celebrar el próximo 28 de febrero. 

Este análisis particular —en el sentido de propio— en el que ahora muchos convergen por la tozudez de los hechos y de la realidad vivimos, es lo que está haciendo que, en la ciudad, en la provincia y en buena parte de la histórica región granadina, el sureste español, algo se esté moviendo para cambiar la deriva de nuestra tierra. Basta observar las posiciones de Almería, o lo que está pasando en Jaén en estos días.

La actual dirigencia de la Junta de Andalucía, sevillanista y malaguista, han puesto en práctica la paremia gatopardiana de Lampedusa: “cambia todo para que nada cambie”, para continuar por la misma senda. Esto es, con el mismo engaño, para que simulando que están reorganizando lo hecho por el poder precedente del PSOE y que el cabreo no vaya a más en la ya muy molesta Granada, que en el pasado 2020 y durante el presente 2021 va a sufrir nuevas desposesiones en favor de la centralidad hispalense. Es decir, como siempre. O lo que es lo mismo, que desde el poder asentado en Sevilla, ahora de otro signo, se pretende seguir con la promisión de un mejor futuro juntos, para desviar nuestra atención sobre las próximas expropiaciones, empleando el eufemismo de la reorganización administrativa (caso de la EASP, Sierra Nevada, la Alhambra, el Parque de las Ciencias, etc.). Así que Granada y los granadinos no debemos preocuparnos de nada, porque nada pasa, solo que Sevilla y los sevillanistas, con el apoyo del frente boquerón, lo están reorganizando todo de otro modo para que no se note que realmente siguen en lo mismo y que esto va a peor. Están construyendo eso que se llama la posverdad, con una desvergonzada campaña institucional que estos días estamos sufriendo con gran despliegue en todos los medios.

Acaso solo por eso, y sin necesidad de volver a enumerar todo lo sufrido, lo sustraído, lo incumplido y lo que se atisba, la conclusión no puede ser otra que proclamar que Granada el próximo 28-F, mañana domingo, no tiene nada que celebrar y sí mucho por lo que penar, debiendo dar un golpe de timón y que el Ali Babá andaluz y sus andalucistas, se marche con sus 40 años de conquistas para ellos, a dar la tabarra CON EL CUENTO A OTRA PARTE, que ya nos apañamos nosotros con nuestras penas. Y ya veremos… 

CÉSAR GIRÓN 

César Girón
César Girón
Granadino, entre otras cosas es Letrado de la Junta de Andalucía, abogado, y escritor. Actualmente es presidente de distintas entidades intelectuales como Granada Histórica o Sociedad Civil de Granada Juntos por Granada. Colaborador de distintos medios de comunicación de ámbito local, regional y nacional.

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