Panchitos

Paseando por la calle escuché casualmente la conversación de tres imberbes que despectivamente se referían a un compañero de clase con la tan acostumbrada y despectiva expresión de «panchito».

No me llamó la atención el uso del término en sí mismo, pues siempre he presumido de que la lengua española sea variada, amplia y divertida en sus usos, pero destacaba sobremanera el odio que proferían al usar la palabra.

Y es que la relación de españoles con las gentes de Sudamérica viene de lejos, o al menos así se explicaba antes de la LOGSE en los colegios, porque ese encuentre en 1492 entre dos civilizaciones marcaría la historia universal. 

Colón pisó las Américas en la magnífica plaza de Bahamas y fue el comienzo de la mezcla de los españoles con las gentes de América, desde luego no parece que fuese siempre un encuentro pacífico porque las crónicas hablan de la necesidad de los Reyes Católicos de enviar a Francisco Bobadilla a poner orden.

Sin embargo tuvo un magnífico desenlace, y es que seis indios americanos llegaron a España para ser bautizados en la Catedral de Barcelona, los panchitos entraban en España por primera vez.

Desde entonces hasta hoy ha llovido mucho aquí y allá, con polémicas políticas más o menos fundadas sobre si hubo masacre o educación, civilización o salvajismo, evangelización o imposición… pero lo que es innegable es la mezcla entre indios y españoles, y siglos de convivencia pacífica ajena a la necesidad de los políticos de crear polémica para conseguir movilizaciones y votos. 

De hecho creo que son un ejemplo de como llegar a un pueblo para integrarse, esa forma de ser tranquila, sosegada, educada hasta el extremo, esa alegría tímida que vas descubriendo mientras coges confianza denota un origen sencillo del que deberíamos aprender.

En mi ciudad, Granada, se organizan en familias y se reúnen todos los fines de semana para jugar al béisbol en un campo público, perfectamente uniformados, unidos, sonrientes; albañilles y abogados, médicos y riders de Globo, da igual la profesión o el estátus social, se quieren, se ayudan y nos invitan a unirnos a ellos.

Aún no he oído hablar de que pidan subvenciones para el pueblo Warao independiente, o para la asociación de mujeres panchitas de Galapagar, en contraposición nos ofrecen su trabajo como tributo a la comunidad, llenan nuestras iglesias y nuestras guarderías, y siempre, siempre, te hablarán con educación.

Es indudable que por nuestras venas corre sangre americana, y por la suya española, y puedo afirmar felizmente que el futuro español hablará panchito.

Antonio Estella.

Antonio Estellahttp://www.mlalegal.org
Socio director del despacho de abogados Mlegal. Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada se especializó en derecho de los negocios en las prestigiosas escuelas jurídicas Harvard Law School e Instituto de Empresa, para posteriormente comenzar su carrera profesional en despachos internacionales como Garrigues, Deloitte y MLA. En la actualidad compagina su ejercicio profesional con la colaboración en distintas universidades y escuelas de negocio como profesor

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