¡Al infinito y más allá!

La luna, las estrellas, el cielo, las nubes. Estos han sido los lugares favoritos de los enamorados para pasear, metafóricamente, con la persona amada, muy posiblemente por ser escenarios idílicos con la percepción de ser totalmente inalcanzables, hasta hoy.

Confieso que siempre he sentido profunda admiración por la curiosidad del hombre en transitar el espacio y desarrollar las más sofisticadas naves y centros de exploraciones, para conocer así qué hay más allá de lo que nuestros ojos ven. ¡Supremacía total!

Sin embargo, el que estas exploraciones ya no sean solo temas de Estado, sino que puedan llevarlas a cabo particulares, es decir personas mortales, me causa aún más fascinación. Y ya sé que muchos al leer esto dirán ´¡Betty, los millonarios son los que pueden ir al espacio!´. Pues lo afirmaré con un rotundo ¡si, claro! sin que esto reste la emoción que he sentido al ver los vídeos de los ´paseitos´ al infinito de Richard Branson y Jeff Bezos.

Sé que toda pieza audiovisual es trabajada y editada para obtener un objetivo específico:  despertar un sentimiento o generar una acción. En este caso, los vídeos de Branson y Bezos resaltan el sueño, prácticamente imposible, que tenían desde niños: ir al espacio. Lo que quiere decir que estos mensajes son 100% emocionales. Inspirar a otros. Dar esperanza. Demostrar que nada es inalcanzable. Que los sueños se cumplen, al menos algunos. Frases muy utilizadas lamentablemente por charlatanes de la modernidad, pero que no dejan de ser ciertas, al menos parcialmente.

´Betty pero es que estos tipos son millonarios´. Si, es cierto, pero ¿acaso esto les prohíbe soñar? Con la mano en el corazón respóndeme: si tuvieses el dinero para materializar tu sueño ¿no lo invertirías hasta verlo hecho realidad?

Algo que siempre me ha parecido un misterio absoluto es por qué algunas personas alcanzan sus metas y otras no. Por qué solo unos pocos, por ejemplo, se convierten en cantantes famosos, escritores consagrados, deportistas reconocidos, pero otros tantos no. Y no me vengan a decir que todo es cuestión de tener suerte y dinero. No creo en la primera y en cuanto a la segunda, si, es cierto que el dinero ayuda y mucho, no en vano es lo único que en exceso no hace daño, sin embargo hay cientos de millonarios que pasan por esta vida sin pena ni gloria y cientos de pobres que logran salir de la miseria en la que viven.

Perseverar. Creo que es la respuesta al ´misterio´ del que hablo. Hay que levantarse todos los días de la cama con el propósito de cumplir un sueño; que las ganas de alcanzar eso, que nos acelera el corazón, recorran cada uno de nuestros huesos para recordarnos por qué estamos trabajando, y por supuesto ser perseverantes en la misión, siempre, a pesar del ruido externo y los deseos que puedas sentir cientos de veces a medio camino de renunciar.

Yo es que hoy quiero ser romántica, tanto como los que dicen ´te llevaré a dar un paseo por las nubes´ cuando solo tienen un ticket de metro en el bolsillo del vaquero. Quiero ser muy romántica e inspirarme en los que hoy han materializado sus sueños, da igual si era tener construir una nave espacial o bajar los 5 kilos que tanto te estorban en el cuerpo. Porque el problema está en compararnos con los demás, menospreciar nuestros anhelos o simplemente poner pretextos, por lo general cargados de resentimientos.

A propósito del viaje de Richard Branson, escuché a una señora en el supermercado decir ´con tantos pobres que hay en el mundo y este hombre gasta dinero viajando al espacio´, me sentí tentada a preguntarle ´¿y a acaso Richard tiene la culpa de la pobreza, que en la mayoría de los casos es creada y multiplicada por los gobiernos de turno?´.  Pero preferí callar, porque si hay algo que he aprendido es en no caer en discusiones sin sentido, con etiquetas de ´ricos´ o ´pobres´ porque una vez que entras en ese espiral, es muy difícil salir de él. 

´Eres el promedio de las cinco personas que te rodean´. No puedo ser mas fanática de esta frase  de Jim Rohn, empresario estadounidense y orador motivacional. Para bien o para mal nos convertimos en las personas más cercanas a nosotros. Mi padre siempre me lo decía, solo que con otras palabras: ´cuidadito con las juntas, los amigos buenos te ayudan pero los malos te hunden´. Así que sin pudor alguno admito que no me desagradaría tener a Branson  entre mis contactos de Whatsapp, para que un día me inviten a dar un paseo por el infinito y más allá.

Ya no quiero tener amigos con casas con piscinas para pasar el verano, quiero amigos con naves espaciales que me hagan despegar, así sea durante 10 minutos, los pies de este mundo cada día más convulsionado e incomprensible, al menos para mi.

Betty Hernández.

Betty M. Hernández
Periodista, locutora y migrante. Experta en escritura digital, periodismo institucional, radio y redes sociales. Es venezolana, de padre canario y madre portuguesa, vive en Granada desde el 2019.

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